El excomandante serbobosnio, responsable de la masacre de Srebrenica y del asedio de Sarajevo, falleció en prisión a los 84 años mientras cumplía cadena perpetua en La Haya. Su muerte cierra la historia de uno de los criminales de guerra más notorios de Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Ratko Mladic, exjefe militar de las fuerzas serbobosnias y símbolo del horror en los Balcanes, murió este jueves 27 de agosto de 2026 en el centro de detención de la ONU en La Haya, Países Bajos. Tenía 84 años y desde hacía meses enfrentaba graves problemas de salud, incluidos derrames cerebrales. Su deceso fue confirmado por el Mecanismo Residual Internacional de los Tribunales Penales, que anunció una investigación sobre las circunstancias de su muerte.
Apodado el “carnicero de Bosnia”, Mladic fue condenado en 2017 a cadena perpetua por genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, sentencia ratificada en apelación en 2021. Su nombre quedó marcado por la masacre de Srebrenica en julio de 1995, cuando bajo su mando las fuerzas serbobosnias ejecutaron a más de 8.000 hombres y adolescentes musulmanes bosnios en un enclave que debía estar protegido por Naciones Unidas. Este hecho es considerado el peor crimen cometido en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial.
Además de Srebrenica, Mladic dirigió el asedio de Sarajevo, que se prolongó por casi cuatro años y dejó miles de víctimas civiles bajo bombardeos y francotiradores. La guerra de Bosnia, entre 1992 y 1995, provocó cerca de 100.000 muertos y más de dos millones de desplazados.
Tras permanecer prófugo durante 16 años, fue detenido en Serbia en 2011 y extraditado a La Haya. Durante su juicio, se mostró desafiante y nunca expresó arrepentimiento. Para muchos serbios nacionalistas, Mladic fue considerado un “patriota”, mientras que para la comunidad internacional encarnó la brutalidad de la limpieza étnica en los Balcanes.
Su muerte cierra la vida de un hombre que pasó de ser general del Ejército Popular Yugoslavo a convertirse en uno de los criminales de guerra más infames de Europa, dejando una herida aún abierta en la memoria de Bosnia y en la justicia internacional.