Nuevas esculturas recuperadas en el sitio arqueológico Vichama, perteneciente a la civilización Caral, muestran cómo la serpiente fue concebida como símbolo de agua, fertilidad y transformación. El descubrimiento refuerza la importancia de este asentamiento en la comprensión de la cosmovisión andina temprana.
El sitio arqueológico de Vichama, ubicado en Végueta, provincia de Huaura, volvió a sorprender a la comunidad científica con el hallazgo de esculturas de aproximadamente 3,800 años de antigüedad. Las piezas, presentadas por la Zona Arqueológica Caral (ZAC), revelan la centralidad de la serpiente en el repertorio simbólico de esta sociedad prehispánica.
Entre los objetos destacan una escultura tallada en el asta de un cérvido joven de unos 30 centímetros, que representa a un personaje antropomorfo aparentemente muerto, asociado a un ser serpentiforme. Según los investigadores, esta composición estaría vinculada con la idea de transformación y tránsito hacia un nuevo ciclo de vida. Otra pieza, elaborada en arcilla no cocida y de 6,9 centímetros, conserva pigmentos rojos y negros y muestra el relieve de una serpiente con cabeza triangular, posiblemente usada en rituales.
La arqueóloga Ruth Shady, directora de la ZAC, explicó que la serpiente simbolizaba el agua y la fertilidad, elementos vitales para una sociedad que enfrentó períodos de sequía y crisis climáticas. Estos hallazgos se suman a otras representaciones de sapos y relieves murales que reflejan la preocupación de Vichama por la escasez de recursos y la necesidad de resiliencia frente a fenómenos naturales.
El descubrimiento no solo aporta información sobre la cosmovisión y prácticas rituales de la civilización Caral, sino que también permite comprender cómo estas comunidades afrontaron cambios ambientales hace miles de años. La serpiente, asociada a la renovación y continuidad de la vida, se convierte en un símbolo vigente que conecta el pasado con los desafíos actuales de adaptación al cambio climático.