En medio de las movilizaciones de transportistas de carga pesada registradas en Perú por el aumento de los combustibles, el costo del diésel vuelve a poner presión sobre el sector. Rutas más largas de lo necesario, kilómetros improductivos, desvíos y tiempos excesivos con el motor encendido pueden terminar aumentando todavía más la cuenta.
El alza del combustible se ha convertido nuevamente en uno de los principales dolores de cabeza para el transporte de carga en Perú. Esta semana, transportistas realizaron movilizaciones en distintas regiones del país, poniendo entre sus demandas el incremento del precio de los combustibles y su impacto directo sobre los costos de operación.
Pero si las empresas no pueden controlar cuánto cuesta el diésel, sí pueden incidir en una variable clave: cuánto combustible necesitan para realizar una misma operación.
Una investigación, publicada por la Universidad Católica Santa María, en junio de 2026, da una dimensión del problema. Al revisar una empresa de transporte de carga con un consumo anual de combustible mayor a S/5,6 millones, se detectó un consumo excesivo por más de S/1,76 millones entre enero y junio de 2025. Fueron detectadas, entre otras, brechas en las prácticas de conducción y la ausencia de controles estandarizados.
Para Rodrigo Serrano, VP Corporativo de Innovación y Desarrollo de Wisetrack, el ahorro empieza por detectar dónde se están perdiendo kilómetros, tiempo y combustible:
“Cuando sube el precio del diésel, cada kilómetro que no haga se vuelve más caro. Una ruta planificada mal, un desvío, tiempos prolongados de ralentí o recorridos sin carga pueden parecer marginales, individualmente, pero cuando se repiten todos los días, en decenas o cientos de vehículos, el impacto económico puede ser considerable. “La primera forma de ahorrar es conocer dónde están ocurriendo esas ineficiencias exactamente”, explica Serrano.
La gestión de rutas permite analizar los recorridos realizados y compararlos con alternativas más eficientes, detectar kilómetros improductivos, controlar desvíos, y reducir tiempos de espera. A esto se suma el control de variables como el ralentí, la velocidad, aceleraciones y frenadas bruscas, factores que también influyen en el consumo.
¿Qué tanto puede ahorrar una flota? No hay una cifra única, depende de la cantidad de vehículos, los kilómetros recorridos, el tipo de operación, el consumo promedio y el nivel de ineficiencia existente. Por ello, el primer paso antes de hablar de un porcentaje general es establecer una línea base y determinar cuánto combustible está utilizando realmente cada vehículo para cumplir su recorrido.
“Una empresa puede tener dos camiones realizando actividades similares y ver que uno está recorriendo más kilómetros, está más tiempo con el motor encendido o está consumiendo mucho más. Esa información, una vez medida, permite corregir rutas y conductas y calcular después el ahorro real. Lo que importa es pasar de estimaciones a datos concretos de cada operación”, añade el VP de Wisetrack.
En momentos en que el precio del combustible vuelve a tensar al transporte peruano, reducir kilómetros innecesarios y aprovechar mejor cada recorrido puede pasar a ser una de las pocas variables de costo que las empresas pueden gestionar de forma directa.