Yachachiq: los héroes rurales que guían a las familias hacia el crecimiento productivo en el campo

Un equipo de 930 hombres y mujeres brinda asistencia técnica en la sierra y selva profundas, mejorando la calidad de vida de los hogares vulnerables.

En las zonas más profundas del Perú existen guardianes del desarrollo que, impulsados por una admirable vocación, llegan a las comunidades andinas y amazónicas para contribuir a transformar la vida productiva de las familias rurales. Ellos son los yachachiq, término en quechua que significa “el que sabe y enseña lo que sabe”.

Estos talentos campesinos son el motor de Haku Wiñay/Noa Jayatai. La iniciativa del Fondo de Cooperación para el Desarrollo Social (Foncodes), programa del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), busca combatir la pobreza y promover la inclusión económica en las comunidades rurales más vulnerables de la sierra y la selva.

Con el corazón en el campo y la experiencia en sus manos, los yachachiq brindan asistencia técnica respetando los saberes ancestrales y sumando tecnologías modernas básicas. De esta manera, miles de hogares usuarios alcanzan la seguridad alimentaria, incrementan sus ingresos y mejoran su calidad de vida.

El impacto de este proyecto se sostiene con el esfuerzo incansable de sus protagonistas. Fiorella Villaflor, yachachiq desde hace dos años en las comunidades de Obrajillo y Acochaca, en la provincia de Canta, no solo adapta sus jornadas fuera del horario habitual para respetar los tiempos de las familias del campo, sino que desafía la geografía a pie: su usuario más distante se encuentra a dos horas de caminata cuesta arriba desde Acochaca.

Es precisamente en la calidez del encuentro donde toda esa dedicación cobra sentido. “Lo que más me encanta de ser yachachiq es que los usuarios siempre me reciben con los brazos abiertos, compartimos a veces algunos alimentos y conversamos ahí sobre las tecnologías. Algunos incluso me ven como parte de su familia. Te da alegría ver que hayan mejorado sus espacios y van adoptando las tecnologías que se les inculca”, contó Fiorella.

Historias como la de Fiorella no son hechos aislados, sino el reflejo de un despliegue humano que sortea las geografías más difíciles. A la fecha, el proyecto cuenta con un equipo de 930 yachachiq, entre hombres y mujeres, comprometidos con el portafolio de proyectos iniciados en 2025. De este total, 783 despliegan su conocimiento y energía en las comunidades de la sierra a través de Haku Wiñay, mientras que 147 se adentran en la espesura de la selva con Noa Jayatai, consolidando una red de solidaridad y progreso rural.

Detrás de estas cifras hay una convicción que supera cualquier dificultad técnica. “Es todo un reto ser yachachiq, porque visitas hogares y, a través del conocimiento y la experiencia que uno ha adquirido, logras que esa vivienda tenga mejores resultados, que haya un cambio real dentro de su hogar y mejoren su calidad de vida. Sentirte orgulloso y ver que ellos han cambiado es una dicha que simplemente no tiene precio”, expresó Paul Matos, yachachiq a cargo de los sectores de Pariamarca y la zona alta de La Quinta.

Bajo ese compromiso, estos maestros y maestras del campo acompañan día a día a las familias en la adopción de innovaciones. Su asistencia técnica abarca desde la instalación de sistemas de riego presurizado, el manejo de biohuertos de hortalizas, la siembra selectiva de tubérculos y cereales, la crianza tecnificada de animales menores, hasta la producción de abonos orgánicos.

Asimismo, guían procesos clave de buenas prácticas saludables en el hogar mediante la implementación de cocinas mejoradas, módulos de agua segura y la gestión adecuada de residuos sólidos, empoderando de manera eficaz la economía y el bienestar de los hogares campesinos.

En las laderas del mirador de Canta, los resultados de este acompañamiento técnico ya se cosechan. Manuela Blanco, una de las usuarias del programa, relata cómo cambió su forma de trabajar la tierra: “una de las cosas importantes que nos enseñó la yachachiq es la preparación del biol, abono foliar natural, con eso nosotros mejoramos la producción de estos alimentos. Eso nos sirve mucho para abonar los cultivos y plantas que sembramos. Por ejemplo, el maíz y la papa”.

La guía de los yachachiq es el verdadero motor de la transformación rural, pues convierte el saber empírico en negocios exitosos. Un ejemplo es el caso del usuario Orlando Astocondor: gracias a este acompañamiento técnico especializado, logró profesionalizar la crianza de cerdos hasta convertirla en una actividad altamente rentable.

Tras ganar uno de los Concursos de Emprendimientos Rurales Inclusivos de Foncodes, Orlando pudo trasladar su proyecto del plano técnico a la realidad con insumos productivos de calidad. Este respaldo le permite hoy financiar su próximo gran sueño: abrir un centro recreacional campestre que impulsará el turismo en Canta.

La incansable labor de los yachachiq es la prueba de que cuando los actores del Midis suman conocimiento y vocación el desarrollo rural se vuelve un motor imparable.

Compartir:

Relacionado

Más de 42 millones de personas viajaron por vía aérea en 2024 superando los niveles prepandemia

El Noticiero

Caravana de la Energía de Electrocentro visitó el distrito de Tres de Diciembre y la Feria de Chaquicocha con atención y servicios

El Noticiero

PERÚ COMPRAS: prepublican proyecto de Ficha de Homologación de centrífuga no refrigerada de laboratorio 

El Noticiero