Inteligencia Artificial en el aula: el desafío es usarla sin delegar el pensamiento

La IA generativa ya forma parte de la educación superior y puede potenciar el aprendizaje, pero especialistas y organismos internacionales advierten que su uso sin objetivos pedagógicos puede mejorar las tareas sin desarrollar realmente las capacidades del estudiante.

Para Pablo Donoso García, subdirector docente del Departamento de Ingeniería Química y Bioprocesos, sostiene que la inteligencia artificial generativa ingresó a las aulas universitarias con una velocidad que ha superado, en muchos casos, la actualización de los planes de estudio y las regulaciones institucionales. Estudiantes y docentes recurren a estas herramientas para buscar información, redactar textos, programar, analizar datos y desarrollar soluciones a problemas complejos.

El debate, sin embargo, ya no debería limitarse a permitir o prohibir su utilización. El desafío consiste en determinar cómo incorporarla para fortalecer el aprendizaje sin reemplazar el razonamiento humano.

El reciente OECD Digital Education Outlook 2026 advierte que la IA generativa puede mejorar el desempeño de los estudiantes en determinadas tareas, pero eso no significa necesariamente que exista un aprendizaje equivalente. Cuando la tecnología sustituye el esfuerzo cognitivo, puede generar mejores resultados inmediatos sin consolidar conocimientos y habilidades.

La diferencia resulta especialmente relevante en carreras como ingeniería. Un sistema de IA puede proponer cálculos, diseños o soluciones en pocos segundos, pero corresponde al estudiante comprender el problema, verificar los supuestos y determinar si la respuesta es técnicamente válida. Una solución aparentemente correcta puede contener errores o ignorar variables fundamentales.

Por ello, la educación superior enfrenta también el reto de modificar sus métodos de evaluación. Si una actividad puede resolverse mediante una herramienta de IA sin demostrar comprensión, difícilmente permitirá medir las competencias que busca desarrollar.

La OCDE plantea que las instituciones deben establecer políticas para un uso responsable de la IA en educación superior, considerando aspectos como protección de datos, integridad académica, equidad, confiabilidad de los contenidos y desarrollo de competencias.

La UNESCO, por su parte, promueve un enfoque centrado en las personas y destaca la necesidad de proteger la privacidad, garantizar la equidad y preparar a las comunidades educativas para utilizar estas tecnologías de manera responsable.

En este escenario, la IA puede convertirse en un aliado estratégico si libera tiempo de tareas repetitivas y permite concentrarse en problemas complejos, creatividad y análisis. La clave será formar profesionales capaces de trabajar junto con estas herramientas, pero sin entregarles el control de sus decisiones.

La universidad del futuro no tendrá que elegir entre personas e inteligencia artificial: deberá enseñar a utilizarlas de manera complementaria, crítica y responsable.

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