El año en que la inteligencia artificial dejó de sugerir y empezó a ejecutar

Fernando Moya, CEO de Ocular, sostiene que la llegada de los agentes de IA está cambiando la forma de medir la productividad empresarial: el foco deja de estar en las recomendaciones de la máquina y pasa a las tareas que puede completar de manera autónoma.

La inteligencia artificial atraviesa en 2026 un cambio de etapa. Después de años en los que funcionó principalmente como asistente para redactar, resumir o generar código, los agentes comienzan a asumir procesos completos: planifican acciones, utilizan herramientas, interactúan con sistemas empresariales y verifican resultados.

Fernando Moya, CEO de Ocular, plantea que esta transformación representa un cambio más profundo que una nueva generación de asistentes. La diferencia, explica, está en pasar de una tecnología que recomienda a otra capaz de ejecutar. En ese escenario, la productividad empresarial empezará a medirse por las tareas terminadas con menor intervención humana.

La evolución ya despierta interés en distintas industrias. McKinsey señala que las organizaciones están avanzando hacia una etapa en la que los agentes pueden ejecutar tareas complejas de manera autónoma, aunque todavía existen importantes desafíos para llevar estas soluciones desde los pilotos hacia operaciones escalables.

El principal reto, según Moya, ya no sería exclusivamente tecnológico. Las compañías necesitan rediseñar procesos, establecer nuevas métricas y definir responsabilidades para una fuerza laboral en la que humanos y sistemas de IA colaborarán de manera cada vez más estrecha.

La gobernanza será igualmente determinante. Un estudio de McKinsey publicado en marzo de 2026 advierte que, a medida que los sistemas adquieren autonomía, aumentan riesgos como decisiones incorrectas, uso indebido de herramientas y acciones fuera de los límites establecidos. Además, casi dos tercios de las organizaciones consultadas identificaron la seguridad y el riesgo como las principales barreras para escalar la IA agéntica.

En América Latina, la oportunidad podría ser especialmente relevante. Un análisis de McKinsey estima que más de la mitad de las horas laborales actuales de la región podrían ser técnicamente automatizadas mediante IA y otras tecnologías existentes, aunque esto no constituye una predicción de pérdida de empleos.

Para Moya, la ventaja competitiva estará en las empresas capaces de rediseñar su operación alrededor de agentes. La pregunta ya no será cuánto utiliza IA una organización, sino qué dejó de hacer porque la inteligencia artificial comenzó a hacerlo por ella.

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