La tarifa más baja no siempre es la mejor decisión logística

¿Qué cuesta más: pagar una tarifa ligeramente superior por un embarque o no contar con la mercadería cuando una empresa realmente la necesita? Para Erika Sáenz, gerenta comercial de International Line, la respuesta parece sencilla, pero refleja uno de los cambios que está experimentando la manera en que las compañías están evaluando sus decisiones logísticas. Porque en un escenario internacional donde las condiciones pueden modificarse rápidamente, el precio continúa siendo determinante, pero ya no necesariamente constituye por sí solo el principal indicador para elegir una alternativa de transporte.

Disponibilidad real de espacio, confiabilidad de las salidas, estabilidad de los itinerarios, tiempos de tránsito, días libres, disponibilidad de equipos y el impacto de un eventual atraso de inventarios o ventas son variables que comienzan a tener mayor peso. Hoy, una buena decisión logística no se mide solamente por cuánto cuesta mover una carga, sino que también por la certeza de tenerla disponible cuando el negocio realmente la necesita.

Lo cierto es que dos alternativas pueden presentar diferencias de precio relativamente pequeñas y, sin embargo, producir resultados completamente distintos para una empresa. Una carga destinada a mantener stock regular no necesariamente tiene la misma urgencia que un embarque asociado a una campaña comercial, una apertura, una obra, una línea de producción o la reposición de un producto crítico. La tarifa siempre será importante y existe la responsabilidad de buscar condiciones competitivas, pero también hay que entender qué impacto puede tener un atraso del inventario, las ventas o la continuidad operacional del cliente. Cuando incorporamos esas variables, la conversación logística cambia completamente. La diferencia está en avanzar desde el análisis del precio del transporte hacia una evaluación del costo logístico total. Esto implica observar en conjunto factores como tarifa, tránsito, confiabilidad, condiciones en origen y destino, días libres y, fundamentalmente, la necesidad real que existe detrás de cada embarque.

La logística comienza antes de que la carga esté lista

Otro cambio relevante está ocurriendo en el momento en que se inicia la planificación. Esperar hasta que una mercadería se encuentre lista para comenzar a buscar alternativas puede reducir significativamente el margen de reacción frente a cambios de capacidad o itinerarios. Por el contrario, compartir con anticipación proyecciones de carga, orígenes, volúmenes aproximados, fechas requeridas y sensibilidad de los productos permite evaluar distintos escenarios antes de que exista una contingencia. Anticiparse no significa simplemente reservar antes; significa conocer qué cargas vienen, cuáles son críticas y qué alternativas podemos construir antes de necesitarlas. No necesariamente todas las cargas de una compañía requieren el mismo tratamiento. Entonces, identificar con anterioridad cuáles son estratégicas permite concentrar esfuerzos donde un eventual atraso tendría un mayor impacto.

Este escenario también plantea un cambio para los propios freight forwarders. Tradicionalmente, una parte importante de su valor estaba asociado a conseguir capacidad, coordinar embarques y negociar tarifas competitivas. Esas funciones continúan siendo esenciales, pero hoy se suma otra: interpretar el mercado y transformar esa información en decisiones para el cliente. El verdadero rol no es recibir una solicitud y responder con una tarifa. Hay que entender el negocio del cliente, interpretar lo que está ocurriendo, anticipar posibles riesgos y presentar alternativas que permitan tomar una decisión mejor informada

Se trata de un cambio que implica que logística, áreas comerciales, compras, supply chain y finanzas tengan una conversación cada vez más integrada. Una decisión de transporte puede terminar afectando mucho más que el presupuesto destinado al flete; puede influir en el capital de trabajo, disponibilidad de inventario, cumplimiento con clientes, producción e incluso ventas.

Actualmente, y en condiciones y tiempos de mayor volatilidad, las empresas deben hacerse cinco preguntas antes de tomar una decisión logística: ¿Cuándo necesito realmente esta mercadería? ¿Qué impacto tendría para el negocio recibirla más tarde? ¿Qué nivel de flexibilidad tengo respecto de la fecha de salida o llegada? ¿Estoy comparando solamente tarifas o también confiabilidad y disponibilidad? ¿Tengo una alternativa definida si las condiciones cambian?

Las respuestas pueden conducir a estrategias diferentes aún dentro de una misma compañía. Por tanto, el principal aprendizaje no está en intentar predecir cada movimiento del transporte internacional, sino que en estar mejor preparados para responder cuando las condiciones cambian. Eso requiere información, comunicación y planificación compartida entre empresas y operadores logísticos.

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