Los fenómenos meteorológicos extremos obligan a empresas e industrias a replantear sus estrategias de transporte, almacenamiento y distribución para reducir el impacto de interrupciones en las cadenas de suministro.
Las condiciones meteorológicas se han convertido en un factor cada vez más relevante para la logística internacional. El paso del tifón Bavi por Asia, que activó medidas preventivas en Taiwán y la costa oriental de China, vuelve a evidenciar cómo un fenómeno climático puede afectar terminales, depósitos, transporte terrestre y operaciones marítimas en puertos estratégicos como Fuzhou, Ningbo y Shanghái.
Según Erika Sáenz, commercial manager de International Line, la industria enfrenta un escenario en el que tormentas, inundaciones, sequías, olas de calor e incendios ejercen una presión creciente sobre infraestructuras y cadenas de suministro interconectadas. Los últimos once años, además, han sido los más cálidos desde que existen registros, de acuerdo con la información citada en su análisis.
El impacto de estos eventos no se limita al lugar donde ocurren. El cierre temporal de un terminal puede modificar la rotación de una nave, generar omisiones de escala, retrasar conexiones, afectar la disponibilidad de contenedores y provocar congestión cuando las operaciones se reanudan.
Un ejemplo es la sequía que afectó al Canal de Panamá y obligó a restringir el tránsito de embarcaciones, generando ajustes en una de las principales rutas marítimas internacionales. El caso resulta especialmente relevante considerando que más del 80% del comercio mundial de mercancías se moviliza por vía marítima.
Ante este panorama, la planificación logística debe incorporar márgenes de seguridad y escenarios alternativos. Programar embarques con mayor anticipación, mantener inventarios de respaldo, evaluar rutas alternativas y compartir pronósticos de demanda oportunamente son algunas de las medidas que pueden reducir la exposición a interrupciones.
Para importadores y exportadores, el desafío consiste también en comprender que los tiempos de tránsito son estimaciones sujetas a cambios por condiciones climáticas, congestión, restricciones operativas o modificaciones de ruta.
En este escenario, la comunicación adquiere un papel central. Monitorear riesgos y contar con información oportuna permite reaccionar antes de que una contingencia localizada termine afectando toda la cadena de suministro.