Aunque el 99.1% de empresas en Perú son MYPE, (según cifras del Ministerio de la Producción) la formación y el acompañamiento desde la educación superior se perfilan como factores clave para mejorar su sostenibilidad.
En el Perú, el emprendimiento no solo crece en número, sino que también nace cada vez más temprano. Diversos estudios evidencian que una parte importante de los negocios surge en etapas formativas: el estudio internacional GUESSS señala que hasta el 42% de los emprendedores inicia su proyecto mientras aún está estudiando. A nivel local, cerca de 1 de cada 3 estudiantes universitarios tiene una alta intención de emprender reflejando que la universidad se ha convertido en un punto de partida clave para la creación de negocios.
Sin embargo, emprender durante la etapa universitaria implica un doble desafío. A pesar del alto interés, más del 72% de estudiantes en Perú ha llevado cursos de emprendimiento, la falta de experiencia práctica, redes de contacto y acompañamiento especializado limita la capacidad de convertir ideas en negocios sostenibles. De hecho, aunque más de la mitad de universitarios tiene intención emprendedora, la tasa real de creación y consolidación de empresas sigue siendo baja.
En ese contexto, el rol de las instituciones educativas resulta determinante. No solo se trata de incentivar el emprendimiento, sino de acompañarlo activamente desde la formación, a través de mentorías, incubadoras y espacios de validación real. La evidencia muestra que los emprendimientos vinculados a procesos formativos y acompañamiento universitario tienen mayores probabilidades de éxito y sostenibilidad.
Un ejemplo de ello es el Laboratorio de Emprendimientos de EQUIPU – Red de Innovación y Emprendimiento de la PUCP, iniciativa que, según su informe más reciente, reunió a más de 3,650 participantes, conformó 650 equipos, contó con 290 mentores y articuló a 45 instituciones de educación superior de 17 regiones del Perú y cinco países de Latinoamérica.
Para Joseph Luján, Coordinador General de EQUIPU, el crecimiento del emprendimiento en el país ha expuesto una brecha que ya no puede ignorarse: la distancia entre iniciar un negocio y lograr sostenerlo en el tiempo.
“El Perú ha demostrado que tiene una alta capacidad para emprender, pero eso no necesariamente se traduce en negocios sostenibles. Hoy el verdadero desafío no es abrir más empresas, sino formar emprendedores capaces de gestionar, adaptarse y competir en mercados reales”, señaló.
Desde su perspectiva, esta oportunidad se origina, en gran medida, en la etapa formativa. Aunque cada vez más jóvenes emprenden mientras estudian, muchos lo hacen sin acompañamiento técnico ni validación adecuada, lo que limita sus posibilidades de consolidación.
“Estamos viendo una generación que emprende temprano, pero muchas veces sin las herramientas necesarias. Si el proceso emprendedor no se integra a la formación académica, se convierte en un esfuerzo aislado y con alta probabilidad de fracaso”, agregó.
En ese escenario, las instituciones de educación superior dejan de ser sólo espacios de formación y pasan a convertirse en actores clave del ecosistema emprendedor. No se trata únicamente de enseñar emprendimiento, sino de integrarlo como experiencia práctica, con mentoría, validación en mercado y conexión con redes reales.