Más de 3,000 variedades nativas consolidan al Perú como líder en producción de papa en América Latina y referente mundial. Este cultivo genera más de 26 millones de jornales al año y sostiene directamente a más de 700 mil familias.
Hay sabores que nos conectan con la tierra, historias que nacen en la altura y manos que, día tras día, transforman el esfuerzo en alimento. La papa —tan cotidiana como esencial— es mucho más que un cultivo: es memoria, es sustento y es futuro.
Cada 30 de mayo, en el Día Internacional de la Papa, el Perú celebra no solo su origen milenario, sino también la fuerza silenciosa de un cultivo que hoy alimenta economías dinamiza comunidades y lleva el sabor del país al mundo.
Desde los Andes hasta los mercados urbanos, la papa moviliza vida. Según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), más de 711,000 familias agricultoras en 19 regiones dependen directamente de este cultivo. Solo en la campaña 2024, el país superó los 6.58 millones de toneladas producidas en más de 337,000 hectáreas, reflejo de un esfuerzo que se siente en cada surco.
Pero su impacto va más allá de la tradición. La papa es un motor económico que genera más de 26 millones de jornales agrícolas al año y un Valor Bruto de Producción superior a los S/ 8,740 millones. Incluso cruzas fronteras, con exportaciones que superaron las 9,800 toneladas, llevando la calidad peruana hasta mercados como Bolivia y Emiratos Árabes Unidos.
Innovar para proteger lo que nos sostiene
Hoy, sin embargo, el cultivo enfrenta un reto que no se ve, pero se siente: el cambio climático. Las lluvias intensas y la humedad crean el escenario perfecto para enfermedades como la “rancha”, capaz de arrasar con hojas, detener el crecimiento y comprometer toda una campaña en cuestión de días.
En este contexto, cada decisión en el campo pesa. Ya no se trata solo de sembrar, sino de anticiparse. De proteger la inversión, asegurar el rendimiento y, sobre todo, cuidar el esfuerzo detrás de cada cosecha.
Aquí es donde la innovación cobra un nuevo significado. Soluciones como Melyra® de BASF, desarrolladas con moléculas de estructura flexible, actúan con precisión, adaptándose al patógeno para detener su avance a tiempo. Este enfoque transforma el manejo del cultivo: de reaccionar ante la pérdida a prevenirla, permitiendo más productividad por hectárea y cultivos más sanos.
Así, el agricultor no solo cultiva papa: Cosecha Ganancias—protege su inversión, maximiza su rendimiento y asegura un futuro más estable para su familia.
Voces del campo: donde todo comienza
Para quienes viven del cultivo, cada campaña es una historia de riesgo, esperanza y recompensa.
Mario Arce Félix (55), agricultor de Espachín (Barranca), lo resume con claridad:
“La papa es fundamental para nuestra economía, pero todo depende de lograr una buena producción. Cuando el rendimiento acompaña y el precio responde, no solo nos permite seguir sembrando, sino crecer con nuestras familias”.
En su parcela, la variedad Única representa oportunidad: precoz, productiva y resiliente. Pero como él mismo reconoce, hoy producir bien implica más que experiencia: implica tecnología, precisión y decisiones informadas.
Un compromiso que une tradición y ciencia
Cuidar la papa peruana es cuidar al país. Es preservar un legado ancestral mientras se integra la innovación necesaria para enfrentar nuevos desafíos.
“La papa es la columna vertebral de miles de economías rurales. Hoy, el desafío es asegurar su productividad frente a un clima cambiante. Acercar tecnología al agricultor es clave para proteger su esfuerzo, optimizar sus resultados y garantizar la seguridad alimentaria”, señala Jhenry Rupay, Trade Marketing – Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana.
En cada surco cultivado hay una historia que continúa. Y en cada cosecha bien lograda, se reafirma una verdad poderosa: cuando el campo prospera, el Perú también.
Porque invertir en la papa no es solo proteger un cultivo. Es asegurar que millones de familias sigan avanzando, que el alimento llegue a cada mesa y que el esfuerzo de la tierra se traduzca, siempre, en progreso.