De los más de siete millones de peruanos adultos que no culminaron la secundaria, menos del 3% está matriculado en un programa de Educación Básica Alternativa (EBA).
El rol del maestro deja una huella que trasciende generaciones. Según el Ministerio de Educación (Minedu), el Perú cuenta este año con más de 430 mil docentes. Su labor, sin embargo, no se limita a niños y adolescentes. A través de la Educación Básica Alternativa (EBA), también contribuyen a la formación de cerca de 190 mil jóvenes y adultos mayores de 15 años que, por distintos motivos, no culminaron sus estudios escolares.
El docente de esta modalidad enfrenta un desafío particular: enseñar a estudiantes con historias y realidades muy distintas. En un mismo salón puede haber una madre de familia, un albañil de 45 años o un adulto mayor que nunca terminó el colegio. Su labor va más allá de impartir conocimientos; también consiste en motivar, comprender y conectar con la historia de vida de cada estudiante.
Para César Dávila, gestor de Educación Básica Alternativa del CEBA César Vallejo, el primer paso es comprender que enseñar a un adulto implica un reto distinto. «No se trata de repetir la misma clase que se impartirá en un colegio regular. El estudiante llega con una historia de vida, una experiencia laboral, responsabilidades familiares y, muchas veces, con la idea de que el colegio ya no es para él. Antes de enseñar matemática o comunicación, el docente debe ayudarlo a recuperar la confianza y demostrarle que nunca es tarde para aprender», explica.
Esta realidad evidencia una brecha en la formación docente. Según el Consejo Nacional de Educación, la Educación Básica Alternativa requiere una preparación especializada, ya que muchos profesores fueron formados para enseñar a niños y deben aprender, en la práctica, a responder a las necesidades y experiencias de estudiantes jóvenes y adultos. Dávila lo confirma desde su experiencia: «Uno tiene que desaprender ciertos reflejos. A un adulto no le enseñas pensando en quién va a ser de grande, le enseñas pensando en lo que necesita resolver ahora, esta semana, en su trabajo o en su casa».
En el marco del Día del Maestro, Dávila destaca tres desafíos que forman parte del trabajo cotidiano de quienes enseñan en la Educación Básica Alternativa.
- Enseñar sin competir con el cansancio. Muchos estudiantes llegan a clase después de una jornada laboral completa. El reto no es la materia, es la energía. Tienes que diseñar la sesión sabiendo que el estudiante no llega fresco, y aun así tiene que irse con ganas de volver al día siguiente.
- Construir horarios que se adapten a la vida, no al revés. Muchas estudiantes de la EBA son madres o cuidadoras que, tras una larga jornada, disponen de poco tiempo para estudiar. En ese contexto, las modalidades virtuales y asincrónicas resultan fundamentales para que puedan culminar el colegio sin descuidar sus responsabilidades familiares.
- Hablarle a varias generaciones en el mismo salón. Cada aula de la EBA reúne estudiantes con edades, experiencias y objetivos muy distintos. En un mismo salón pueden coincidir un adolescente que dejó el colegio, un trabajador que busca mejores oportunidades y un adulto mayor que decidió culminar la secundaria. Adaptar la enseñanza para responder a esa diversidad es uno de los mayores desafíos de sus docentes.
El reto también se refleja en las cifras. De los más de siete millones de peruanos adultos que no culminaron la secundaria, menos del 3% está matriculado en un programa de Educación Básica Alternativa (EBA), datos de acuerdo al Consejo Nacional de Educación. Para Dávila, esto no responde a la falta de interés, sino a que la oferta educativa no siempre se adapta a quienes trabajan o tienen responsabilidades familiares. «Cuando la educación ofrece horarios flexibles y modalidades virtuales, más personas encuentran la oportunidad de retomar sus estudios», sostiene.
«En el Día del Maestro, también es importante reconocer el desafío que enfrentan los docentes de la EBA, quienes, pese a la falta de una formación especializada, trabajan para demostrar que nunca es tarde para aprender», concluye Dávila.