- Instalaciones antiguas, empalmes improvisados y cables deteriorados generan pérdidas invisibles de energía que elevan el consumo eléctrico.
Las tarifas eléctricas volverán a subir en mayo debido a una combinación de factores locales e internacionales. El incremento estaría impulsado por la subida del dólar, el encarecimiento del cobre y la incertidumbre política, elementos que vienen elevando los costos del sistema eléctrico y del mantenimiento de la red de distribución. Sin embargo, especialistas advierten que el monto del recibo depende del consumo y también del estado de las instalaciones eléctricas dentro de viviendas y comercios.
En ese contexto, las fugas eléctricas y el llamado consumo fantasma se han convertido en uno de los principales factores que elevan el gasto energético sin que los usuarios lo perciban. El ingeniero Christian Porras, ingeniero de producto de Conductores Eléctricos CELSA, explica que una fuga eléctrica funciona de manera similar a una tubería de agua rota dentro de una pared. “Aunque nadie esté usando electricidad, la energía continúa escapándose y el medidor sigue registrando consumo. Es un gasto silencioso que puede mantenerse activo las 24 horas del día”, señala.
Estas fugas se producen cuando el aislamiento de los cables se deteriora por antigüedad, sobrecalentamiento o malas prácticas de instalación. Al dañarse la cobertura protectora, la corriente busca rutas alternativas hacia la tierra y puede desplazarse a través de paredes húmedas, ductos metálicos o estructuras internas del inmueble. Como el problema ocurre dentro de los muros o canalizaciones, muchas veces pasa desapercibido durante años.
Entre las principales señales de alerta destacan el aumento repentino del recibo de luz, interruptores diferenciales que se disparan constantemente, pequeñas descargas al tocar electrodomésticos o superficies metálicas y tomacorrientes con manchas oscuras, zumbidos u olor a plástico quemado. Otra forma sencilla de detectar una posible fuga es apagar todas las luces y desconectar los equipos de la vivienda; si el medidor continúa registrando consumo, es probable que exista una pérdida interna de energía.
Porras advierte que en el Perú aún es común encontrar viviendas con cableados antiguos, ampliaciones improvisadas y conexiones realizadas sin criterios técnicos. El uso excesivo de extensiones y adaptadores múltiples, los empalmes deficientes cubiertos con cinta aislante doméstica y la instalación de cables inadecuados son prácticas frecuentes que incrementan el consumo eléctrico y elevan el riesgo de incendios y electrocuciones.
En comercios e industrias, el impacto puede ser aún mayor. La energía desperdiciada se transforma en calor dentro del sistema eléctrico, incrementando los costos operativos y acelerando el desgaste de equipos y maquinaria. Además, instalaciones deficientes pueden generar fallas en la operación e incluso derivar en observaciones o sanciones durante inspecciones de seguridad.
Para reducir riesgos y evitar pagar de más en el recibo eléctrico, los especialistas recomiendan realizar inspecciones preventivas del cableado, especialmente en inmuebles con más de 20 años de antigüedad. También sugieren evitar el uso de “triples” y extensiones improvisadas, revisar enchufes calientes o con señales de quemadura e instalar interruptores diferenciales, dispositivos que detectan fugas y cortan la energía antes de que ocurra un accidente.
“El sistema eléctrico también necesita mantenimiento. Revisar el cableado protege a las personas, la infraestructura, y permite eliminar pérdidas invisibles de energía y mejorar la eficiencia del consumo”, concluyó Porras.