Burnout, estrés y ausencias: el costo silencioso que ya golpea la productividad de las empresas en Perú

Se advierte que los factores psicosociales están redefiniendo el desempeño organizacional y obligan a las empresas a replantear su gestión interna.

La productividad en las empresas peruanas enfrenta una presión creciente que muchas organizaciones aún no miden con claridad: el impacto del estrés laboral, el burnout y las ausencias por problemas de salud física y mental. Lo que antes se veía como un tema de bienestar interno hoy empieza a reflejarse en indicadores clave como eficiencia, rotación, clima laboral y capacidad de ejecución.

A nivel global, la Organización Mundial de la Salud estima que la depresión y la ansiedad generan la pérdida de 12 mil millones de días laborales al año, equivalentes a cerca de US$1 billón en productividad. Además, la Organización Internacional del Trabajo calcula que los problemas de seguridad y salud en el trabajo representan alrededor del 3.9% del PBI mundial.

En Perú no existe una cifra consolidada sobre el costo del ausentismo. Sin embargo, reportes del Instituto Nacional de Estadística e Informática muestran que las horas no trabajadas por enfermedad, permisos y otras causas afectan directamente la productividad.

Además, según Seguro Social de Salud, enfermedades respiratorias, trastornos musculoesqueléticos y cuadros asociados al estrés concentran una parte importante de los descansos médicos.

“Muchas compañías siguen mirando únicamente quién faltó, pero no qué ocurre antes de esa ausencia. El desgaste suele aparecer primero como baja energía, errores recurrentes o menor productividad”, explica Daniel Abusabal.

En rubros como retail, logística y manufactura, cada ausencia puede generar reorganización inmediata, sobrecostos y presión sobre otros equipos. “En actividades operativas, una sola ausencia puede alterar toda la jornada y afectar niveles de servicio”, añade Abusabal. Tanto en oficinas y empresas de servicios, en cambio, el impacto suele ser menos visible: menor foco, lentitud en decisiones, desconexión y mayor rotación.

El burnout no aparece de un día para otro. Suele originarse por sobrecarga sostenida, presión constante, falta de claridad en funciones y poco equilibrio entre vida personal y trabajo. “Muchas veces las personas siguen trabajando, pero ya no al mismo nivel. Ahí empieza el verdadero costo invisible”, advierte Abusabal, quien para mapear esta situación recomiendan cinco acciones:

  • Cruzar ausentismo con clima laboral y rotación.
  • Medir estrés y riesgos psicosociales.
  • Fortalecer a líderes y jefaturas.
  • Revisar dinámicas que generen sobrecarga.
  • Usar tecnología para anticipar decisiones.

“Las empresas que esperan ver el problema en cifras llegan tarde. Gestionar causas y no solo consecuencias será clave para sostener productividad y talento”, concluye Abusabal.

La productividad en las empresas peruanas enfrenta una presión creciente que muchas organizaciones aún no están midiendo con precisión: el impacto del estrés laboral, el burnout y las ausencias asociadas a problemas de salud física y mental.

Lo que durante años se abordó como un tema de bienestar interno hoy empieza a reflejarse en indicadores clave de negocio como eficiencia, rotación, clima laboral, continuidad operativa y capacidad de ejecución.

A nivel global, la magnitud del problema ya es evidente. La Organización Mundial de la Salud estima que la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de 12 mil millones de días laborales cada año, lo que representa cerca de US$1 billón en productividad. En paralelo, la Organización Internacional del Trabajo calcula que los problemas de seguridad y salud en el trabajo equivalen aproximadamente al 3.9% del PBI mundial.

En Perú aún no existe una cifra unificada sobre el costo empresarial del ausentismo. Sin embargo, reportes del Instituto Nacional de Estadística e Informática evidencian que las horas no trabajadas por enfermedad, permisos y otras causas afectan directamente la productividad laboral.

A ello se suma que, de acuerdo con Seguro Social de Salud, las enfermedades respiratorias, los trastornos musculoesqueléticos y cuadros vinculados al estrés concentran una parte relevante de los descansos médicos registrados en el país.

Para Talana, el problema no solo está en la ausencia visible, sino también en el deterioro silencioso del desempeño diario.

“Muchas compañías siguen mirando únicamente quién faltó, pero no qué está ocurriendo antes de esa ausencia. El desgaste suele aparecer primero en forma de desmotivación, baja energía, errores recurrentes o menor productividad”, explica Daniel Abusabal.

El impacto cambia según la industria. En sectores como retail, logística, manufactura, minería y operaciones intensivas en turnos, cada ausencia puede generar reorganización inmediata, horas extras, retrasos y presión sobre otros colaboradores.“En actividades operativas, una sola ausencia puede alterar toda la jornada. Muchas veces implica redistribuir funciones, asumir sobrecostos y poner en riesgo niveles de servicio”, señala Abusabal.

En cambio, en empresas corporativas y de servicios el efecto suele ser menos visible, pero igual de costoso: menor foco, caída en velocidad de respuesta, desconexión de equipos y mayor rotación.

El burnout se ha convertido en una de las principales alertas para las organizaciones. No responde a un episodio puntual, sino a una acumulación sostenida de factores como sobrecarga laboral, ambigüedad de funciones, presión constante, falta de reconocimiento y escaso equilibrio entre trabajo y vida personal.

Esto lo vuelve especialmente complejo de detectar, ya que muchas veces no aparece en los indicadores tradicionales hasta que el impacto ya afecta resultados.

“El burnout rara vez empieza con una renuncia o una licencia médica. Normalmente comienza mucho antes, con personas agotadas que siguen trabajando, pero ya no al mismo nivel”, advierte Abusabal.

Las empresas han comenzado a priorizar una gestión más integral de la salud laboral, incorporando análisis de datos y monitoreo de riesgos psicosociales. En esa línea, Abusabal destaca algunas medidas clave para abordar este desafío:

  • Integrar indicadores de gestión: cruzar ausencias con clima laboral, carga de trabajo y rotación.
  • Medir riesgos psicosociales: monitorear estrés, burnout y bienestar de forma periódica.
  • Fortalecer el rol de los líderes: capacitar jefaturas para detectar señales tempranas.
  • Revisar la organización del trabajo: ajustar dinámicas que generen sobrecarga.
  • Apoyarse en tecnología: utilizar data en tiempo real para anticipar decisiones.

“Las empresas que siguen gestionando el ausentismo como un dato aislado llegan tarde. Cuando se analizan las causas, carga, liderazgo o cultura, es posible anticipar riesgos, sostener la productividad y evitar costos que hoy muchas organizaciones aún no están viendo”, concluye Abusabal.

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