“El precio de un recuerdo amazónico” muestra los métodos de captura, los operativos contra el comercio ilegal y el proceso de recuperación que enfrentan los animales rescatados.
Una fotografía con un animal silvestre puede parecer una experiencia inofensiva. Sin embargo, detrás de estas prácticas puede existir una cadena de captura, transporte y comercialización que afecta a animales silvestres y genera impactos sobre la biodiversidad y la salud de las personas.
Entre 2024 y 2025, más de 7 600 animales fueron víctimas del tráfico ilegal de fauna silvestre en Perú. Según el Servicio Nacional de Fauna Silvestre (Serfor), entre las especies más afectadas resaltan los loros, tortugas, monos y ranas.
Esta problemática es abordada en “El precio de un recuerdo amazónico”, un corto documental producido por la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) que sigue de cerca las intervenciones realizadas por la Fiscalía Ambiental y la Gerencia Regional de Recursos Naturales y Gestión Ambiental de Loreto, hasta el complejo tratamiento médico brindado por los centros de rescate CREA y RAREC.
El rescate de un animal silvestre no representa el final de la historia. Muchos animales llegan a los centros especializados con lesiones, desnutrición, estrés o enfermedades derivadas de las condiciones de captura, transporte y cautiverio. Su rehabilitación puede extenderse durante meses o más tiempo, dependiendo de su estado de salud y de las posibilidades de que puedan regresar a su hábitat. Asimismo, el contacto estrecho y sin control sanitario entre personas y animales silvestres puede incrementar el riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas.
Más allá de una fotografía o un recuerdo
“El precio de un recuerdo amazónico” busca generar conciencia sobre prácticas que suelen presentarse como atractivos turísticos o recuerdos de viaje. Una fotografía junto a un animal silvestre o la compra de un ejemplar pueden contribuir a una cadena de comercio ilegal que comienza con la extracción de los animales de su hábitat.
“Las especies de fauna silvestre son parte de nuestro patrimonio natural. Son nuestra identidad. Es importante que seamos turistas responsables y no alimentemos prácticas que pongan en peligro el bienestar de los animales”, señala Ximena Mejía, comunicadora de la SPDA y directora del documental.
Frente a esta problemática, las decisiones de los viajeros también cuentan. Además del trabajo articulado de las autoridades, los centros de rescate y las organizaciones de la sociedad civil, es fundamental reducir la demanda que sostiene este comercio. Evitar la compra de animales silvestres, sus partes o productos derivados, así como rechazar las fotografías y otras actividades turísticas que impliquen el contacto directo con ellos, contribuye a proteger la fauna silvestre.