Una práctica con siglos de historia continúa formando parte de las mañanas de Shanghái. Desde sus parques hasta The Peninsula Shanghai, el Tai Chi ofrece una manera distinta de acercarse a la cultura y al ritmo cotidiano de la ciudad.
Antes de que Shanghái despierte por completo, sus parques ya están en movimiento. Mientras las avenidas comienzan a llenarse y la ciudad se prepara para otro día de actividad, grupos de habitantes se reúnen para practicar Tai Chi. En lugares como Fuxing Park, Luxun Park y People’s Park, estas sesiones matutinas continúan formando parte de la rutina de la ciudad.
Para quien visita Shanghái, la escena puede parecer simplemente otra imagen de la vida cotidiana. Sin embargo, detrás de esos movimientos lentos y aparentemente sencillos existe una práctica con siglos de historia y una manera particular de entender el cuerpo, la respiración y el equilibrio.
Mucho más que una rutina de ejercicios
Conocido en chino como taijiquan, el Tai Chi surgió a mediados del siglo XVII en Wenxian, en la provincia de Henan, y con el tiempo se desarrolló en distintas escuelas y estilos. En 2020, la UNESCO lo incorporó a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La organización lo describe como una práctica física caracterizada por movimientos circulares y relajados, acompañados por la regulación de la respiración y una disposición mental centrada. Sus fundamentos están relacionados con ideas provenientes del pensamiento taoísta y confuciano, así como con conceptos de la medicina tradicional china.
Entre ellos está la relación entre yin y yang: fuerzas opuestas pero interdependientes que encuentran sentido en el equilibrio y el cambio constante. El Tai Chi lleva esa lógica al movimiento. En lugar de depender únicamente de la fuerza o la velocidad, la práctica se construye a partir de secuencias fluidas, controladas y continuas, en las que postura, respiración y concentración trabajan en conjunto.
Lo que desde fuera puede parecer simplemente lentitud es, en realidad, una disciplina basada en el control y la conciencia del movimiento.
Esa relación entre una tradición centenaria y la vida contemporánea es también el punto de partida de la propuesta de The Peninsula Shanghai. En lugar de acercarse al Tai Chi únicamente como una actividad de bienestar, el hotel ofrece al viajero la posibilidad de conocer desde la práctica algo que continúa formando parte de la cultura que encontrará al salir a recorrer la ciudad.