Por José Darío Dueñas Sánchez, Consultor de Negocios
Cimientos de Papel: Colegios Aptos e Infraestructura Olvidada en el Perú
La educación suele definirse como el motor principal para el desarrollo de un país. Sin embargo, en el Perú, este motor intenta encenderse cada año dentro de espacios físicos que amenazan con desplomarse. Hablar de colegios aptos para la educación implica comprender que el proceso de aprendizaje no ocurre en el vacío. Existe un vínculo directo e inseparable entre la calidad de la infraestructura de las aulas y el rendimiento académico y emocional de los estudiantes. Pese a esta realidad innegable, la situación inmobiliaria escolar en el territorio nacional refleja un panorama histórico de abandono que no puede continuar en el olvido institucional.
La Dimensión de una Emergencia Silenciosa
La crisis de las escuelas públicas en el Perú ha dejado de ser un problema de mantenimiento para convertirse en una crisis de riesgo estructural latente. Informes emitidos por el Ministerio de Educación (Minedu) revelan que la brecha de infraestructura educativa ha escalado a cifras alarmantes, superando los 158,000 millones de soles. El dato más desgarrador de este diagnóstico territorial indica que casi el 50% de los locales educativos públicos del país requieren ser demolidos por completo y reconstruidos desde sus cimientos debido a que sus estructuras presentan un muy alto riesgo de colapso.
Esta alarmante deficiencia adquiere rostros concretos fuera de las estadísticas de la capital. En regiones como Cajamarca, Loreto, Piura y las zonas altoandinas de Ayacucho, estudiar se ha convertido en un acto de supervivencia. Miles de alumnos asisten a diarios a salones improvisados con paredes de adobe agrietadas, techos de calamina agujereados por el granizo y sin acceso a servicios higiénicos básicos, agua potable o electricidad. El Estado ha respondido declarando formalmente en situación de emergencia la infraestructura educativa pública a escala nacional, una medida urgente pero que llega arrastrando décadas de deudas acumuladas con la infancia rural y urbana
¿Por qué las Aulas Dignas Cambian el Rendimiento?
Optimizar los espacios de enseñanza no responde a un mero capricho estético; es una necesidad pedagógica funcional. Un aula apta es aquella que garantiza condiciones mínimas de habitabilidad: confort térmico para resistir los friajes de las zonas altoandinas, ventilación adecuada para las olas de calor costeras, aislamiento acústico y mobiliario ergonómico en buen estado. Estudios sobre el entorno escolar demuestran que cuando un estudiante asiste a un local seguro, iluminado y limpio, su nivel de concentración se eleva notablemente, reduciendo las tasas de ausentismo y deserción escolar.
Por el contrario, el desatender la infraestructura perpetúa círculos de desigualdad socioeconómica. Mientras en ciertos sectores urbanos se discute la digitalización y el uso de laboratorios modernos, en las periferias y provincias del país la discusión sigue siendo cómo evitar que la lluvia inunde el salón o cómo financiar comunitariamente el pago del servicio de internet. Una escuela precaria le transmite de forma indirecta al menor un mensaje desalentador: que su educación y su futuro no son una prioridad para su país.
Rutas Hacia la Reconstrucción: No Más Parches Temporales
El despliegue de aulas modulares provisionales o la entrega de presupuestos mínimos para que los padres de familia pinten las fachadas antes del inicio de clases son soluciones temporales que no solucionan el problema de fondo. El Perú requiere una reingeniería profunda en la ejecución de su inversión pública. Esto involucra repensar y reorganizar de raíz el rol del Programa Nacional de Infraestructura Educativa (Pronied), agilizando los procesos de aprobación de expedientes técnicos que hoy en día tardan años durmiendo en la burocracia estatal.
Iniciativas recientes como la entrega de Escuelas Bicentenario demuestran que es posible construir bajo estándares internacionales de calidad, adaptados a las realidades climáticas de cada región. No obstante, el gran desafío radica en la sostenibilidad: de nada sirve edificar modernos complejos educativos si estos no cuentan con un presupuesto permanente asegurado para su operación, mantenimiento físico y servicios de conectividad a largo plazo.
Conclusión
Garantizar colegios aptos en el Perú no debe ser visto como una promesa política de campaña ni como un gasto prescindible, sino como la inversión social más urgente y humana que el Estado tiene la obligación de asumir. No podemos exigirle un rendimiento óptimo a las futuras generaciones si les seguimos ofreciendo cimientos de papel. El aula de clases es el espacio donde se moldea la ciudadanía y el talento del país. Devolverle la dignidad a la infraestructura educativa es, en última instancia, el primer paso fundamental para rescatar el derecho a una educación de calidad que no deje a ningún niño peruano en el olvido