Por Antero Flores-Araoz
Tenemos en nuestra patria especialmente y además a nivel mundial, el anuncio de que en breves semanas tendremos el impacto gravísimo del llamado “Fenómeno del Niño”, el que será en esta ocasión con efectos sumamente destructivos, sobre todo en Ecuador y Perú.
En el centro y norte peruano, habrá intensas lluvias, aunque quizás torrenciales, serios desbordes de ríos e inundaciones que causarán enormes daños. Ya en el mar frente al litoral piurano y tumbesino, ha subido la temperatura del Océano Pacífico y lo ha advertido el SENAMHI y otros organismos de nuestra eficiente Marina de Guerra.
En el sur, especialmente en zonas andinas, están previstas sequías de magnitud, en que como consecuencia de ellas se perderán cultivos y desaparecerá buena parte de la ganadería, con lo cual sus efectos acompañarán a los seres humanos que carecerán de suficiente alimentación.
A diferencia de otras calamidades por actos de la naturaleza, si se conoce cuándo tendremos al famoso Niño haciendo de las suyas, en que podría haber afectaciones a la integridad de las personas y por supuesto también pérdida de vidas, sin olvidar destrucción y daños en propiedad pública y privada, como asimismo severa destrucción de vías de comunicación, puentes, diques y muelles, pudiéndose dañar represas, diques y reservorios, aunque no sistemas de drenaje pues lamentablemente solo existen en la imaginación de nuestras autoridades.
Respecto a los huaycos, también abundarán pues por la irracionalidad de muchísimas personas y la pasividad de las autoridades llamadas a evitarlo, se llevarán todo lo edificado en causes inactivos de ríos, pero que por efecto del Niño se reactivarán.
Por si existiesen dudas respecto a la motivación de esta columna, advertimos que no somos sucesores de Nostradamus como tampoco anunciadores solapados de catástrofes ya que lo único que pretendemos es llamar la atención de nuestras autoridades porque estamos tarde para emprender las obras de prevención que son necesarias, como es la descolmatación de ríos, limpieza de sus cauces, mudanza de familias que tienen sus viviendas en ellos, así como una gran campaña comunicacional para la limpieza de techos, la impermeabilización de aquellos, la revisión de sistemas de desagüe y por supuesto las vías de escape para ponerse a buen recaudo.
En ésa misma campaña comunicacional, hay que recordar que varias otras no han tenido el resultado deseado como las famosas “mochilas salvadoras” que por irresponsabilidad de la población o no se tienen o no se ha verificado que todos sus componentes estén en buenas condiciones de operatividad.
Ni el Poder Ejecutivo ha cumplido con las tareas de conseguir la financiación para la prevención, ni en el Congreso se les ha llamado la atención por ello y siguen los parlamentarios -no todos por cierto- en su fin de fiesta populista creando mayores obligaciones que hacen añicos al Presupuesto General de la República, pese a que por mandato constitucional carecen de iniciativa de gasto.
Pero hay algo más, como hemos dicho ni émulos de Nostradamus ni tampoco del conocido “don Pésimo”, ni como la tía vieja que siempre asoma para anunciar calamidades, pero lo cierto es que tendremos un movimiento sísmico de grandes proporciones por la colisión de la placa de Nazca, aunque no se sabe cuándo sucederá.
Teniendo ya el ejemplo de lo sucedido en Venezuela, deberíamos también irnos preparando para tal negativo acontecimiento, para que no nos agarre como se dice en el argot popular con los pantalones abajo.
¡Advertidos estamos!