El artista y escultor peruano recordó el incendio que destruyó el espacio donde concentraba su taller, galería, archivos y operación.
Marcelo Wong, artista y escultor peruano, ha desarrollado un negocio creativo alrededor de su obra, con taller, galería, producción, venta al público y proyectos vinculados a marcas internacionales. Ese recorrido tuvo un punto de quiebre cuando un incendio destruyó el espacio donde concentraba gran parte de su operación: insumos, piezas de arte, taller, galería, oficina, contabilidad, archivos y discos duros con información de trabajo.
“Prácticamente lo que habíamos construido en 10 años lo perdimos. De la noche a la mañana nos vimos, no voy a decir en cero, porque felizmente teníamos los espacios para vivir, pero sí laboralmente en cero. No había un lugar donde trabajar y estábamos en negativo, porque había que responder a todos los trabajadores”, contó Wong.
Reconstruir con obligaciones pendientes
La reconstrucción no se limitó a volver a producir. Desde el primer día tuvo que seguir respondiendo por la planilla, aun cuando el negocio no generaba ingresos. El momento familiar también era complejo: su bebé tenía pocos meses y, junto con su esposa, había decidido vivir esa etapa sin apoyo externo. La historia fue compartida por Marcelo en En Confianza, espacio de conversación conducido por Renzo Ricci, gerente general de Banco Pichincha.
Ese contexto le permitió tomar distancia y concentrarse en su familia, pero no había margen para prolongar la pausa: había trabajadores, clientes y obligaciones que atender. Se sumó una fiscalización de SUNAT sin contar con todos los documentos contables, debido a que se habían quemado. Los ingresos podían identificarse en registros bancarios, pero varios egresos requerían sustentos que no tenía. Tras intentar recuperar facturas, tuvo que pagar una multa que describió como “el primer incendio después del incendio”.
Volver a elegir el arte
Antes del incendio, Wong ya evaluaba tomar distancia de la producción artística. Pensaba acercarse al diseño y también exploró proyectos gastronómicos, aunque luego reconocería que quizás disfrutaba más comer que estar dentro de la operación.
Lo que terminó por devolverlo fue una conexión cotidiana con el proceso creativo: seguía disfrutando dibujar, producir piezas y pensar en nuevos proyectos. En ese camino también influyó un curso de diseño en Chicago, donde incorporó herramientas sobre procesos, innovación, emprendimiento, manejo de ideas y gestión de personas.
Procesos, crisis y aprendizajes
Volver a operar exigió ordenar equipos y prioridades. Wong organizó tres grupos: uno para recuperar piezas pendientes, otro para atender pedidos del momento y un tercero para desarrollar proyectos futuros.
Durante la pandemia enfrentó otra dificultad. Las ventas por web habían crecido porque había apostado por ese canal meses antes, pero perdió su cuenta de redes sociales por derechos de autor vinculado a una imagen protegida. Tras comunicarse con Warner Brothers y explicar que se trataba de una interpretación puntual, la situación derivó en una licencia para trabajar propuestas relacionadas con DC Comics y Harry Potter.
Para Wong, esas experiencias consolidaron una forma de enfrentar los problemas: no asumir cada dificultad como un cierre definitivo, sino preguntarse cómo darle la vuelta. “Si paramos, no pasa nada. Hoy en día, la gente dice ‘no puedo parar’, pero el incendio me enseñó que de pronto paramos y no pasaba nada. Esos momentos de pausa sirven para recargar energía, para afilar el hacha y después salir a seguir trabajando”, afirmó en En Confianza, de Banco Pichincha.
La experiencia también modificó su manera de entender el éxito. Después del incendio, conversó con su esposa sobre hasta dónde estaba dispuesto a apostar por su carrera. Volver al arte podía implicar viajes, exposiciones y una dedicación muy alta al taller. En esa conversación, ambos definieron que la familia debía ocupar un lugar central. Con el tiempo, entendió que el éxito no solo estaba en vivir de lo que estudió, sino también en formar una familia y aprender a disfrutar con ella.