Chile envejece: el desafío de construir una sociedad que cuide, valore e integre a las personas mayores

El aumento sostenido de la población mayor plantea nuevos desafíos para el país, que van más allá de la salud y los cuidados. Académicos de la UCSC abordan la necesidad de avanzar hacia una sociedad que reconozca la autonomía, dignidad, participación y aporte de las personas mayores.

Chile atraviesa un proceso sostenido de envejecimiento de su población, una transformación demográfica que plantea nuevos desafíos para las políticas públicas, las ciudades, los sistemas de cuidado y las relaciones entre generaciones. Pero también invita a revisar la manera en que la sociedad comprende la vejez y el lugar que ocupan las personas mayores.

Para Francisco Fuentes, Director del Centro de Análisis y Debate Público de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), el país ha avanzado en esta materia, aunque todavía existen importantes desafíos.

“El país ha dado pasos relevantes. Cuenta con un Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), amplió la Pensión Garantizada Universal y aprobó la Ley Chile Cuida (Ley 21.805), que reconoce el cuidado como un derecho. Estos avances muestran que el tema ya está en la agenda pública”.

Sin embargo, el académico advierte que el aumento de la esperanza de vida también implica que un número creciente de personas requerirá apoyos y cuidados durante más tiempo. En este escenario, plantea la necesidad de fortalecer una red de cuidados con presencia territorial, profesionales especializados y recursos suficientes.

El desafío, además, trasciende el ámbito sanitario. Las ciudades, el transporte, el mundo laboral y los espacios de participación también deberán adaptarse a una sociedad donde las personas vivirán más años.

“Nuestras ciudades y nuestro transporte no fueron diseñados para personas con discapacidad o con dificultades de movilidad. Por eso debemos avanzar hacia ciudades y sistemas de transporte que faciliten el desplazamiento de las personas mayores y, con ello, el de toda la población”, explica Fuentes.

A ello se suma la necesidad de transformar la percepción social sobre la vejez. Para el académico, esto implica dejar atrás prejuicios y reconocer que muchas personas mayores mantienen plenamente sus capacidades y pueden continuar realizando aportes en distintos ámbitos.

Envejecer no es sinónimo de enfermar

Esta transformación cultural también requiere comprender que el envejecimiento no puede reducirse a la aparición de enfermedades o a la pérdida de autonomía. La Doctora en Investigación Gerontológica y académica de la Facultad de Medicina de la UCSC, Claudia Troncoso, explica que el envejecimiento es un proceso que comienza desde el inicio de la vida y que actualmente el concepto de envejecimiento saludable ha ampliado su significado.

“Hoy, hablar de envejecimiento saludable ya no significa ausencia de enfermedad, sino mantener la capacidad funcional (funcionalidad y autonomía): poder hacer lo que la persona quiere y vivir la vida que valora o le es significativa”, señala.

Desde esta perspectiva, la salud en la vejez no depende exclusivamente de la ausencia de diagnósticos. La especialista destaca que “la conexión social es el factor protector más importante, seguido de la capacidad de autocuidado y de la participación en actividades significativas para la persona”.

Por ello, una sociedad que busca favorecer un envejecimiento saludable también debe preocuparse por las condiciones en que las personas viven, se desplazan, participan y mantienen sus vínculos.

La Dra. Troncoso advierte que asociar automáticamente la vejez con enfermedad y dependencia puede tener consecuencias concretas. “Cuando la sociedad reduce la vejez a enfermedad y dependencia, termina produciendo esa dependencia”, afirma, señalando que esta mirada puede convertir a las personas mayores en objetos de cuidado, dejando en segundo plano su autonomía y capacidad de decisión.

Cambiar esta perspectiva supone reconocer, además, la diversidad existente entre las personas mayores. Sus trayectorias de vida, condiciones económicas, lugares de residencia, redes de apoyo y estados de salud son diferentes, por lo que no existe una única manera de vivir esta etapa.

Una dignidad que no disminuye con los años

Esta mirada encuentra un punto de encuentro con la perspectiva cristiana. La Secretaria Académica de la Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía de la UCSC, Cecilia Pérez, explica que, para la tradición cristiana, la dignidad humana tiene su fundamento en que toda persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios.

“Esta dignidad no es algo que la persona adquiera por sus capacidades, por su autonomía, por lo que produce o por el reconocimiento que recibe de la sociedad, sino que le corresponde por el solo hecho de ser persona”, señala.

La reflexión también está presente en el mensaje que el Papa León XIV dedicó este año a la VI Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, bajo el lema “Yo no te olvidaré” (Is 49,15). En él, el Pontífice advierte sobre el riesgo de que las personas mayores sean invisibilizadas o reducidas a su condición de salud, y llama especialmente a las nuevas generaciones a recuperar espacios de encuentro con ellas.

Para el Papa, este encuentro debe traducirse en cercanía y presencia, especialmente frente a situaciones de soledad. En su llamado, invita a visitar a los abuelos y a otras personas mayores que no reciben visitas, para que la afirmación “Yo no te olvidaré” se transforme en un encuentro concreto.

En esta línea, Pérez destaca que las personas mayores no solo requieren acompañamiento, sino también espacios donde puedan participar y ser escuchadas. “Escuchar a las personas mayores significa reconocer que su experiencia forma parte de la memoria de las familias, de las comunidades y también de la Iglesia”, explica.

El desafío, entonces, no consiste solamente en prepararse para una población que vivirá más años, sino en preguntarse cómo queremos vivir esos años y qué lugar tendrán las personas mayores en nuestra sociedad.

Para Fuentes, la respuesta requiere construir una sociedad capaz de integrar a quienes envejecen: “Necesitamos construir una sociedad que envejezca bien. Eso significa una sociedad que integre a sus mayores en lugar de apartarlos, y que valore la sabiduría y la experiencia que poseen”.

Una tarea que, desde la mirada cristiana, también implica reconocer que la dignidad permanece intacta durante toda la vida y que, como recuerda el mensaje de León XIV, ninguna persona debería llegar a la vejez sintiéndose olvidada o reducida únicamente a sus necesidades de cuidado.

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