La figura de Alberto Fujimori continúa generando opiniones divididas en el país, especialmente al analizar su impacto en la economía y el desarrollo del Perú en las últimas décadas.
Diversos sectores destacan que, antes de su llegada al poder en 1990, el país atravesaba una profunda crisis económica caracterizada por hiperinflación, recesión y limitada credibilidad internacional. En ese contexto, sostienen que las reformas implementadas durante su gobierno permitieron estabilizar la economía, reinsertar al Perú en los mercados internacionales y promover la inversión privada.
Asimismo, se resalta el proceso de privatización de empresas estatales, el cual —según sus defensores— contribuyó a mejorar la eficiencia en diversos sectores y a dinamizar la economía. También se menciona el impulso a la infraestructura, con el desarrollo de carreteras, telecomunicaciones y mayor conectividad en distintas regiones del país.
Por otro lado, especialistas y diversos actores políticos recuerdan que su gobierno también es cuestionado por denuncias de corrupción y vulneraciones a los derechos humanos, aspectos que forman parte del análisis integral de su gestión.
En ese sentido, el balance sobre el legado de Fujimori continúa siendo materia de debate público, reflejando distintas visiones sobre su impacto en el crecimiento económico, la institucionalidad y el desarrollo del país.