Simulación Política

Por Antero Flores-Araoz

Una de las características que debería existir en las lides políticas es la transparencia, pero principalmente de los actores políticos proponentes, de los planes de gobierno que se aplicarán, como también el equipo gubernamental que lo hará.

Cuando los electores se van dando cuenta que los proponentes no son todos los que aparentemente son, los planes de gobierno no solamente tienen claro-obscuros, sino que adicionalmente hay otros ejecutores además de los nombrados.  Todo ello es en la práctica poco transparente y un engaño a los electores que no se puede dejar pasar por agua tibie.

En lo que es plan de gobierno, se ha podido verificar que el candidato que pasa a la segunda vuelta o balotaje del sector izquierda, cuando se le veía el “fustán” ideológico color rojo incendio, inmediatamente moderó sus expresiones y propuestas, presentando modificaciones de plan, pero el oficial seguía siendo el mismo inicial registrado ante las autoridades electorales.

Lo mismo sucedió con la plancha presidencial, que incorporó a nuevas personas en su entorno, dando la impresión que ahora contaba con personalidades de cierta reputación centrista, aunque en el fondo tiren hacia la siniestra.

En lo que se refiere a la ejecución de los planes de gobierno, también mostró a otras personas que no habían estado desde los inicios, pero que los incorporaba para conseguir votación adicional en la segunda vuelta.  Este asunto tampoco sirvió de mucho, dado que algunas de las supuestas nuevas incorporaciones, eran desde antaño conocidas como violentistas, lo que lejos de incrementar capital político lo redujo, dado que nadie en su sano juicio quiere desorden, violencia e inseguridad.

A estas alturas del partido, toda simulación en los planes, como también en su conducción inicial y complementaria, no engañan a nadie, y diríamos que molestan e incordian a los electores que sienten que los tratan de engatusar y ello siempre enoja.  Aún más, hay cosas que son tan evidentes que no se pueden esconder y allí antiguo refrán de que “la mona, así se vista de seda, mona se queda”, a lo que agregaríamos que pese a intentar variar la vestimenta de roja a verde, nunca se perderá la tonalidad inicial. Nos referimos a los reservistas fieles al engreído escénico de Carlos Alvarez.

Aunque sea simple coincidencia, corre en redes la narrativa de autoría desconocida en el sentido que

“había un burro atado a un árbol, vino el demonio y lo soltó.  El burro entró al huerto de los vecinos y empezó a comerlo todo. La mujer del campesino lo vio, tomó su rifle y disparó.

El propietario del burro oyó el disparo, salió, vio a su burro muerto y se enfadó, tomó su rifle y disparó a la esposa del campesino.

Al regresar, el campesino se encontró a su mujer muerta y mató al dueño del burro, los hijos del dueño del burro al ver a su padre muerto quemaron la finca del campesino.  El campesino en represalia los mató.

Y preguntaron al demonio que es lo que había hecho. Éste respondió: Nada, sólo he soltado al burro. Moraleja: si quieres destruir un país, suelta a los burros”, júntalos con los rojos, aplica sus planes, así sean los moderados, y perderás el país.

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