En este contexto, los principales índices de Wall Street intentan sostener avances acotados, aunque sobre una base inestable. Los recientes episodios entre Estados Unidos e Irán, sumados a reportes de ataques a embarcaciones y movimientos militares en la región, refuerzan un escenario donde el riesgo geopolítico vuelve a cotizar con fuerza.
El impacto se refleja con mayor claridad en el mercado energético. El Brent se ubica en torno a los 113,56 dólares por barril, registrando una corrección leve en las últimas horas que no modifica el cuadro de fondo, los precios se mantienen elevados tras más de dos meses de disrupciones en Ormuz. Este nivel de precios continua trasladándose a la economía real, encareciendo costos logísticos, presionando combustibles y reduciendo el margen de consumo, especialmente en economías importadoras de energía.
En paralelo, las señales de alivio siguen siendo incipientes. El tránsito puntual de buques con apoyo militar estadounidense sugiere cierta flexibilización, aunque todavía lejos de un escenario de normalidad, manteniendo al mercado altamente dependiente del flujo de noticias.
Desde mi punto de vista, el petróleo se mantiene en una zona crítica, una prolongación del bloqueo o una escalada adicional en el conflicto podría impulsar al Brent nuevamente hacia la zona de los 120 dólares por barril e incluso abrir espacio para extensiones mayores.
En contraste, avances concretos que permitan normalizar el tránsito en Ormuz podrían detonar una corrección más profunda, llevando los precios hacia niveles cercanos a los 100 dólares. En este entorno, el mercado sigue operando bajo una lógica clara, cualquier alteración en el suministro energético tiene un impacto inmediato en precios, inflación y expectativas económicas, consolidando al petróleo como el principal catalizador global en el corto plazo.
Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group