José Darío Dueñas Sánchez, Consultor de Negocios
El sol de mediodía ya empezaba a ceder cuando Doña Rosa, de 60 años, ajustó su mascarilla y tomó del brazo a su hija y a su nieta pequeña. Caminaban con la convicción de quien sabe que su voto pesa, ignorando que el sistema les daría la espalda. Al llegar al colegio asignado, la escena era dantesca: una marea humana se agolpaba contra las rejas cerradas, un hervidero de gritos y reclamos que rebotaban en el cemento caliente.
— «¡No hay material de sufragio!», gritaba un hombre con el polo empapado en sudor.
— «¡Llevamos cinco horas aquí!», respondía una mujer mayor, sentada en una silla de plástico que ella misma trajo.
La desinformación era el virus más contagioso. Un policía decía que esperar era en vano; un personero aseguraba que «ya venían los refuerzos». Rosa, con sus piernas cansadas, buscó una sombra inexistente. Su hija miraba el reloj con angustia: las 12, la 1, las 2 de la tarde. La pequeña preguntaba por qué no entraban, y la respuesta se ahogaba en la burocracia de una ONPE que parecía haber olvidado ese rincón de la ciudad.
Fue recién a las 4:00 PM cuando un grito de victoria amarga recorrió la fila: la mesa finalmente se había instalado. Pero el daño estaba hecho. Muchos ya se habían marchado, derrotados por el hambre y el agotamiento. Rosa entró, pero no sentía triunfo, sino un profundo desencanto. Votó entre cajas de cartón armadas a la carrera, sintiendo que su derecho no había sido respetado, sino simplemente «tolerado» tras horas de maltrato.
Silencio en el Champagnat: La Elite del Olvido
A pocos kilómetros, en el colegio Champagnat, el panorama no era distinto, pero el silencio lo hacía más pesado. Aquí, la fila de ciudadanos daba la vuelta a la manzana, una fila compuesta por jóvenes con su primer DNI y adultos mayores que se negaban a faltar a la cita democrática. Pero al llegar a la puerta, el vacío.
Las aulas, usualmente llenas de vida escolar, estaban desiertas. Las mesas, esos altares de madera y plástico donde se decide el futuro, no estaban instaladas. La desinformación aquí se vestía de elegancia y frustración contenida. Los votantes revisaban sus teléfonos buscando noticias, pero solo encontraban reportes de mesas cerradas en todo el país.
— «En el Champagnat no hay nadie», circulaba en los grupos de WhatsApp, mientras la gente seguía esperando bajo el sol inclemente, esperando un milagro logístico que nunca llegó a tiempo.
El desencanto era total. Al ver que pasaban las horas y las ánforas seguían vacías, el sentimiento de abandono se hizo colectivo. No importaba el distrito ni el apellido; la sensación de que el proceso electoral les había fallado era una mancha oscura sobre el 12 de abril. Muchos regresaron a casa con el dedo limpio de tinta, pero con el corazón lleno de una amarga desconfianza hacia el sistema que prometió escucharlos y terminó cerrándoles la puerta en la cara.
Las elecciones del pasado 12 de abril de 2026 quedaron marcadas en la memoria colectiva no por el fervor democrático, sino por una jornada de caos logístico y una profunda desconexión institucional. Aquí te presento las historias que solicitaste, reflejando el sentimiento de aquellos que, pese a su voluntad, se toparon con un sistema en pausa.
El Reloj Detenido: Tres Generaciones ante la Puerta Cerrada
Para Doña Rosa, de 60 años, el acto de votar siempre fue un ritual de respeto. Aquel domingo, salió temprano junto a su hija y su nieta, convencida de que su ejemplo sería la mejor lección cívica. Sin embargo, al llegar a su local de votación en San Juan de Miraflores, se encontró con una realidad amarga: las rejas estaban encadenadas y el murmullo de la multitud crecía como una marea de descontento.
La desinformación fue el primer obstáculo. «Ya traen el material», decía un policía; «Faltan los miembros de mesa», corregía un personero. Pasaron las horas bajo un sol que no perdonaba, y la salud de Rosa empezó a flaquear mientras veía cómo otros ciudadanos, cansados y hambrientos, abandonaban las colas. No fue sino hasta las 4:00 PM que, en un esfuerzo desesperado y tardío, se anunció la instalación de su mesa. Rosa entró a votar con el corazón pesado, sabiendo que miles de sus vecinos ya se habían retirado sin poder ejercer su derecho, víctimas de una gestión que les falló cuando más la necesitaban. Esto es democracia se preguntaban, NUNCA NUNCA había sucedido ello.
El Silencio de los Colegios: Cuando el Sistema se Apaga
En distritos como Surco, el panorama en colegios emblemáticos como el Champagnat no fue más alentador. A diferencia del bullicio de otros centros, aquí reinaba un silencio tenso. Cientos de electores hacían filas que daban la vuelta a la manzana, esperando una señal que no llegaba. A pesar de ser locales con infraestructura moderna, las mesas simplemente no se instalaban debido a la falta de material electoral y problemas técnicos con los sistemas de la ONPE.
El desencanto era palpable entre los jóvenes que votaban por primera vez (mi HIJO voto por primera vez y saben? Sentí vergüenza y pena por su generación, pena por todo este desmadre causado por la ineficacia de entidades del ESTADO, además los adultos mayores que, con andadores y sillas de ruedas, esperaron en vano. Mientras en redes sociales circulaban noticias contradictorias, en la puerta del colegio la respuesta era siempre la misma: «Todavía no llega el camión». La jornada terminó con aulas vacías y ánforas sin estrenar, dejando una estela de desconfianza en una población que sintió que su voz fue silenciada no por la política, sino por la burocracia.
Para fortalecer la democracia, debemos dejar de mirar solo la urna. El fraude no es un evento aislado, sino un proceso que puede comenzar años antes de la jornada electoral. La verdadera vigilancia ciudadana debe exigir transparencia en el financiamiento, auditoría total de los sistemas informáticos y, sobre todo, una justicia electoral que proteja el derecho a elegir por encima de los tecnicismos legales. Mucho se habla de DEMOCRACIA lo que ha ocurrido en el PERU ha sido lo opuesto y no han respetado la DEMOCRACIA el valor del voto es lo mínimo para un ciudadano y al cortarle esta posibilidad todo debe realizarse desde CERO.