En el marco del Día Internacional de la Alfabetización, César Dávila, gestor en educación básica alternativa, analiza el estigma social y las barreras estructurales que frenan a más de 7.8 millones de peruanos para culminar la secundaria
Recientemente, la noticia del cantante Cristian Castro concluyendo la preparatoria a sus 51 años se volvió viral en redes sociales, abriendo una conversación oportuna sobre la superación en la adultez. Sin embargo, en el Perú, este reto no es una tendencia mediática: es la realidad silenciosa de más de 7.8 millones de ciudadanos que no han logrado culminar la educación secundaria.
A propósito del Día Internacional de la Alfabetización, que se conmemora cada 8 de setiembre, la discusión va más allá de aprender a leer y escribir. Hoy en día, la alfabetización funcional implica adquirir habilidades digitales, capacidades analíticas y la obtención del certificado escolar que exige el entorno laboral y social para seguir creciendo.
Para César Dávila, gestor en Educación Básica Alternativa del CEBA César Vallejo, el principal obstáculo inicial para el adulto es el temor al qué dirán. «Volver al aula a los 30, 40 o 50 años genera una fuerte barrera emocional», explica el especialista. «Si bien cuando una figura pública estudia ayuda a normalizar que no hay edad para aprender, en la práctica diaria el verdadero desafío del estudiante peruano es cómo equilibrar el deseo de superarse con largas jornadas de trabajo o el cuidado del hogar».
Frente a esta diversidad de realidades, el país cuenta con la modalidad de Educación Básica Alternativa (EBA), impartida en instituciones públicas y privadas (CEBA). Este ecosistema ofrece alternativas flexibles —como la presencialidad nocturna, la semipresencialidad y la educación a distancia— diseñadas para que cada persona elija el formato que mejor se adapte a su rutina, sin descuidar a su familia ni su sustento diario.
A pesar de esta oferta, el último diagnóstico del Consejo Nacional de Educación (CNE) advierte que la brecha persiste debido a factores críticos que condicionan el día a día de los estudiantes:
- El estigma del «tiempo perdido»: Muchos adultos asumen erróneamente que no terminar el colegio a tiempo es un fracaso definitivo. La EBA busca cambiar esa mirada, demostrando que la experiencia acumulada en la vida y el trabajo es un valor previo que el sistema debe reconocer.
- La trampa de la rigidez horaria: El 41.7% de los adultos que no estudian señala la falta de tiempo como su mayor obstáculo. La escuela tradicional resulta inviable para quien tiene responsabilidades diarias, exigiendo formatos modulares e híbridos adaptados a su ritmo.
- Barrera económica y brecha digital: Con un 26% de la población mayor de 15 años en situación de pobreza monetaria, asumir gastos de traslado y materiales representa un esfuerzo doble. A esto se suma la necesidad urgente de alfabetización digital para no quedar al margen de las oportunidades actuales.
Terminar la escuela en la adultez no debería ser visto como una meta tardía, sino como el inicio de una nueva etapa de autonomía y progreso personal. Garantizar aulas empáticas, flexibles y alineadas con la vida real es la única vía para que millones de peruanos transformen una deuda pendiente en su mayor impulso hacia el futuro.