Ucrania custodia uranio bajo fuego: más de 70 bombardeos ponen al mundo al borde de un desastre nuclear

El Instituto de Járkov guarda decenas de kilos de uranio enriquecido y ha recibido más de 70 impactos rusos. Kiev acusa a Moscú de ecocidio y advierte que un error podría desatar una catástrofe ambiental de proporciones históricas.

La guerra en Ucrania dejó hace tiempo de ser un conflicto convencional. Hoy, lo que está en juego no solo son territorios, sino la seguridad nuclear del planeta. En Járkov, a apenas 14 kilómetros del frente, se levanta un laboratorio de investigación con el potencial de provocar un desastre ambiental de magnitudes incalculables.

Se trata del Instituto de Física y Tecnología de Járkov, donde se encuentra el dispositivo Neutron Source, que contiene varias decenas de kilos de uranio enriquecido. El edificio ha sido golpeado más de 70 veces por la artillería rusa, lo que hace temer que no se trate de daños colaterales, sino de un objetivo calculado.

Un blanco estratégico

El instituto fue clave en tiempos soviéticos en el desarrollo nuclear de Moscú y, aunque en 2010 entregó uranio apto para armas, todavía conserva materiales de alta peligrosidad. El complejo combina un núcleo del tamaño de un autobús con un acelerador de 30 metros, pero carece de protección frente a ataques modernos. Bombardeos previos dañaron transformadores y dejaron el lugar sin electricidad durante meses, obligando a los científicos a improvisar sistemas de emergencia para evitar fugas radiactivas.

Chernóbil y Zaporiyia, las otras bombas de tiempo

El fantasma de Chernóbil volvió a cobrar fuerza en febrero de 2025, cuando un dron ruso perforó la cubierta de acero del reactor 4. Aunque no hubo fugas, el incidente recordó la fragilidad de las instalaciones nucleares en zonas de guerra. En Zaporiyia, la central más grande de Europa, los riesgos siguen latentes: ataques repetidos han puesto en peligro el sistema de refrigeración de los seis reactores, dependiendo de estanques de emergencia y líneas eléctricas vulnerables.

Una amenaza que trasciende fronteras

Ucrania acusa a Rusia de cometer un “ecocidio” y usar el riesgo nuclear como arma de presión política. Más de 640.000 personas viven en la zona de riesgo directo en Járkov, pero la dispersión de material radiactivo podría alcanzar amplias regiones de Europa del Este. La propia Rusia también ha sentido los efectos: en agosto, restos de un dron ucraniano dañaron una estación eléctrica en las inmediaciones de la central de Kursk.

Resiliencia científica bajo fuego

A pesar de todo, los científicos ucranianos siguen trabajando en proyectos de fusión nuclear y experimentos con hidrógeno radiactivo. Una paradoja brutal: avanzar en la investigación mientras se vive al borde de una catástrofe. Como reconoció un ingeniero al New York Times, los ataques rusos parecen “carentes de lógica”, pero su repetición sugiere una estrategia de intimidación radiológica.

Hasta ahora, la catástrofe se ha evitado gracias a la suerte y a medidas de emergencia improvisadas. Pero cada nuevo bombardeo aumenta la posibilidad de que la guerra en Ucrania deje de ser un conflicto regional y se convierta en un desastre nuclear global.

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