El gobierno de Vladimir Putin fortalece su alianza estratégica con el régimen de Nicolás Maduro mediante una planta que producirá hasta 70 millones de cartuchos anuales.
Rusia ha construido una planta de fabricación de municiones para fusiles Kaláshnikov en Venezuela, como parte de una creciente cooperación militar entre ambos países. La instalación, a cargo de la estatal rusa Rostec y la agencia Rosoboronexport, tendrá capacidad para producir hasta 70 millones de cartuchos al año, incluyendo municiones con núcleo de acero, balas trazadoras y de fogueo.
Según funcionarios rusos, el proyecto se ha desarrollado pese a las sanciones internacionales que pesan sobre ambos gobiernos. El complejo contempla también campos de tiro, almacenes y, próximamente, una fábrica de fusiles AK-103, lo que permitiría a Venezuela contar con producción nacional de armas ligeras.
Este avance se enmarca en un acuerdo bilateral firmado en mayo pasado entre Putin y Maduro, que contempla cooperación por 10 años en sectores como energía, transporte, defensa y lucha contra el terrorismo. El pacto incluye la creación de una infraestructura financiera conjunta, independiente del sistema internacional.
El Kremlin ha calificado las conversaciones con Venezuela como “exhaustivas” y estratégicas para consolidar un eje geopolítico alternativo ante la presión occidental.