Seguridad, limpieza, movilidad y mantenimiento urbano deberían marcar los primeros 100 días de las nuevas gestiones municipales. El desafío será pasar de las promesas electorales a prioridades medibles y con presupuesto.
Lima, agosto de 2026.— A pocos meses de las Elecciones Regionales y Municipales 2026, la discusión electoral empieza a desplazarse de los nombres de los candidatos hacia una pregunta más concreta: ¿qué deberían hacer primero quienes resulten elegidos? La respuesta debería partir de los problemas cotidianos y no necesariamente de las grandes obras que suelen dominar las campañas.
En Lima y Callao, la evidencia ciudadana ofrece una hoja de ruta. El último reporte de Lima Cómo Vamos señala que la inseguridad es el principal problema para el 75,2% de los encuestados, seguida por el transporte público, con 39,8%, y la corrupción de funcionarios, con 25,6%. Además, 78,3% afirma sentirse inseguro en la ciudad.
Con ese diagnóstico, los primeros 100 días deberían concentrarse en seguridad y servicios básicos. Coordinar serenazgo con la Policía, identificar puntos críticos, recuperar espacios públicos y mejorar la iluminación puede generar resultados visibles sin esperar megaproyectos.
La segunda prioridad debería ser la limpieza pública. La acumulación de residuos continúa entre las principales preocupaciones urbanas, mientras que el INEI mantiene indicadores específicos sobre recolección y destino final de los residuos municipales.
El tercer frente es la movilidad. El transporte público ocupa el segundo lugar entre los problemas que afectan la calidad de vida. Por ello, las municipalidades deberían comenzar con medidas de gestión: señalización, semaforización, ordenamiento de puntos críticos y coordinación con las autoridades competentes, antes que anunciar únicamente nuevas pistas.
El cuarto desafío es recuperar parques, veredas, calles y espacios públicos, estableciendo un inventario de infraestructura deteriorada y un cronograma público de intervenciones.
Finalmente, el verdadero examen para los nuevos alcaldes será, por tanto, su capacidad de priorizar. Los ciudadanos deberían preguntar a cada candidato qué hará primero, cuánto costará, cómo lo financiará y cuándo podrá demostrar resultados. Una gestión eficiente no comienza inaugurando una gran obra, sino identificando los problemas que más afectan al vecino y resolviéndolos con metas verificables.