La capital amaneció semiparalizada este lunes tras el inicio del paro general de transportistas urbanos de Lima y Callao, convocado como protesta ante la creciente ola de inseguridad y extorsiones que afecta al sector. Miles de ciudadanos en el Cono Norte —especialmente en los distritos de Comas, Carabayllo, Los Olivos, Independencia y San Martín de Porres— sufren largas esperas, escasez de unidades y aumentos abusivos en los pasajes.
El paro fue impulsado luego del asesinato de un conductor de la empresa Lipetsa, ocurrido días atrás en San Juan de Miraflores, hecho que encendió la indignación de los gremios de transporte. “Estamos cansados de vivir con miedo. Todos los días nos amenazan o atacan. Queremos garantías para trabajar”, denunció un representante de la Coordinadora de Empresas de Transporte Urbano (CETU).
Desde la madrugada, se registraron bloqueos y quema de llantas en la avenida Túpac Amaru (Carabayllo) y en varios accesos de la Panamericana Norte, lo que afectó el tránsito y obligó a suspender parcialmente los servicios alimentadores del Metropolitano hacia el terminal Naranjal. En zonas como Fiori y Próceres, decenas de pasajeros esperaron por horas para conseguir movilidad.
“Normalmente pago tres soles hasta el centro, hoy me cobraron seis. No hay carros, los colectivos están llenos y uno solo quiere llegar a trabajar”, comentó una vecina de Los Olivos.
El Ministerio de Transportes y Comunicaciones pidió a los gremios mantener el diálogo y evitar actos violentos, mientras la Policía Nacional desplegó contingentes en los puntos críticos para evitar enfrentamientos. Sin embargo, algunos choferes que intentaron operar fueron amenazados o atacados con piedras, lo que generó más temor entre los transportistas.
EsSalud anunció la reprogramación gratuita de citas médicas para los asegurados que no pudieron asistir debido a la paralización, y varias instituciones educativas suspendieron clases presenciales.
El paro ha puesto en evidencia la crisis de seguridad ciudadana que afecta no solo al transporte, sino también al comercio y la economía diaria. Los vecinos del Cono Norte exigen medidas concretas que garanticen su derecho a movilizarse sin miedo y sin abusos.
Mientras tanto, Lima sigue sumida en el caos, entre humo, tráfico y la incertidumbre de no saber si mañana la ciudad volverá a moverse con normalidad.