El caso salvadoreño muestra cómo seguridad, tecnología y turismo pueden atraer capital, una conversación clave también para Perú en su agenda de competitividad
El Salvador pasó de ser uno de los países más inseguros de Centroamérica a convertirse en una nación ejemplar en temas de seguridad, acuerdos tecnológicos y crecimiento turístico, factores que hoy ponen al país como caso de estudio para entender la atracción de capital. El Departamento de Estado de EE. UU. reconoce que el país centroamericano registró US$639.6 millones en flujos netos de Inversión Extranjera Directa (IED) en 2024, una base que muchos analistas atribuyen al fortalecimiento de la seguridad interna.
La transformación comenzó con cifras contundentes: en 2024 se registraron apenas 114 homicidios en todo el año, una cifra mínima histórica tras décadas con tasas entre las más altas del mundo. Según el Banco Central de Reserva salvadoreño, la IED pasó de US$170.8 millones en 2022 a aproximadamente US$760-778 millones en 2023, mientras que el PIB real creció 3.5%. El gobierno creó la Oficina Nacional de Inversiones como ventanilla única, aprobó leyes de incentivos fiscales y firmó un acuerdo con el FMI por US$1,400 millones. Paralelamente, la alianza con Google Cloud estableció un convenio de siete años para implementar inteligencia artificial en salud y educación. Gallup ubica al país con un récord de 96% de residentes que califican como positiva la gestión en seguridad.
«El caso salvadoreño demuestra que la seguridad es un activo económico. Cuando un país reduce drásticamente la criminalidad, el riesgo percibido cae y la inversión se reactiva con mayor velocidad. Esta combinación de orden interno y predictibilidad es clave para atraer capital», señala Rodrigo Ayala, director de promoción de El Salvador
Para Perú, donde la inseguridad ciudadana se ha convertido en el principal obstáculo para la confianza empresarial, este modelo reabre la discusión sobre cómo la estabilidad interna influye directamente en la entrada de capital y en la capacidad para mantener proyectos a gran escala. “Lo más atractivo del esquema salvadoreño para empresarios peruanos es la seguridad integral: tanto ciudadana como jurídica y financiera, incluyendo la garantía de no expropiaciones y respeto al capital invertido.” destacó Ayala
Ambos países están en negociaciones para un TLC Perú-El Salvador, retomado en 2025, con sectores prioritarios como software y contenido digital, farmacéutica y equipo médico, e infraestructura turística y aeronáutica.
Se cuenta con ventajas significativas: una economía más diversificada con fortalezas en minería, agroindustria y pesca, infraestructura digital en expansión, y un sector turístico con reconocimiento internacional superior. Esto abre el debate sobre la necesidad de construir una narrativa coherente, alineada con indicadores de bienestar, gobernanza y clima de negocios.
«El país puede recuperar protagonismo regional si ofrece reglas claras y una estabilidad real. La confianza empresarial no depende solo de indicadores económicos, sino de instituciones que funcionen y de una agenda de seguridad que respalde el desarrollo. Cuando estos elementos se articulan, las inversiones se activan y el crecimiento vuelve a tomar impulso», concluye Ayala.