Según la UNESCO, el mundo necesitará 44 millones de docentes adicionales al 2030 para garantizar el acceso universal a la educación, y uno de los principales desafíos para los sistemas educativos es retener a los docentes.
La calidad educativa en el Perú sigue siendo uno de los principales desafíos del país, según las cifras más recientes del Ministerio de Educación, en el país hay cerca de 9 millones de estudiantes a nivel nacional, quienes dependen de docentes que, en muchos casos, trabajan en condiciones que dificultan lograr resultados sostenibles.
En ese contexto, Patricia González, docente de la Facultad de Educación de la PUCP, advierte que la crisis de la calidad educativa está directamente vinculada a las condiciones docentes, un aspecto que sigue sin abordarse de manera estructural. “No es posible mejorar la educación si no se fortalecen las condiciones en las que enseñan los docentes”, enfatiza.
En el Perú, la docencia no solo implica la enseñanza en el aula, sino también la gestión de contextos sociales complejos, demandas administrativas crecientes y acompañamiento emocional de estudiantes. Esta realidad se vuelve más exigente si se considera que la mayoría del profesorado trabaja en el sector público, muchas veces con recursos limitados y brechas territoriales con infraestructura precaria, donde incluso hay aulas en riesgo de colapso.
A este escenario, se suma el reto de adaptarse a nuevas demandas pedagógicas, como la integración de herramientas digitales y el fortalecimiento de habilidades socioemocionales. “La sobrecarga laboral y la falta de soporte emocional están afectando la sostenibilidad del sistema educativo. Estos temas se deben poner sobre la mesa, por eso estamos organizando el X Seminario de Análisis y Perspectivas en Educación donde reuniremos a especialistas para analizar los principales desafíos del sistema educativo y proponer lineamientos orientados a fortalecer la política educativa del país”, agrega González.
Diversos estudios coinciden en que el factor docente es determinante para mejorar los resultados educativos. Por ello, fortalecer la formación, actualización profesional y el bienestar integral del profesorado no solo es necesario, sino urgente para garantizar una educación de calidad.