Mandarinas verdes también pueden estar maduras: los errores que pueden hacerte elegir mal

El color de la cáscara no siempre determina la madurez de esta fruta. Factores como la temperatura pueden retrasar su cambio de verde a naranja, por lo que conviene observar otras características antes de comprarla.

Comprar mandarinas únicamente por su apariencia puede llevar a descartar frutas que están en buenas condiciones para el consumo. Esta situación cobra especial relevancia durante la actual temporada, cuando parte de la producción puede presentar una coloración más verde pese a haber alcanzado una adecuada madurez interna.

La explicación tiene respaldo en estudios sobre cítricos. La FAO señala que, especialmente en regiones tropicales, algunas mandarinas pueden permanecer verdes en el exterior, aunque estén completamente maduras por dentro. La coloración de la cáscara, por tanto, no siempre es suficiente para determinar el punto de consumo.

Además, investigaciones sobre mandarinas han encontrado una relación entre las condiciones térmicas y el desarrollo del color de la cáscara. En determinadas variedades, temperaturas específicas pueden favorecer o retrasar el cambio de color, sin que esto necesariamente signifique que el fruto carezca de calidad.

En ese contexto, la campaña “Buenos por Dentro”, promovida por Vive Mandarina, busca modificar la percepción del consumidor y propone mirar más allá del color.

El primer error es asumir que una mandarina verde está inmadura. El segundo, ignorar su firmeza y peso: una fruta firme y relativamente pesada para su tamaño puede ofrecer una buena cantidad de jugo. El tercero es no revisar la cáscara, que debería estar libre de golpes importantes, cortes o señales evidentes de deterioro.

El cuarto error es desaprovechar sus aportes nutricionales. Las mandarinas contienen vitamina C y otros compuestos bioactivos; datos del USDA registran alrededor de 24 mg de vitamina C por cada mandarina mediana.

Finalmente, el quinto error es confiar demasiado en la apariencia. Una mandarina no debería juzgarse únicamente por su color: variedad, condiciones de cultivo y temperatura pueden modificar su aspecto externo.

El mensaje también tiene una dimensión económica. Si el consumidor descarta sistemáticamente frutas verdes pero aptas para el consumo, la percepción visual puede terminar afectando a agricultores y comerciantes.

La clave, por ello, es sencilla: observar el conjunto de características de la fruta y no convertir el naranja intenso de la cáscara en el único criterio de compra.

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