Monitoreo con cámaras trampa en más de 170 mil hectáreas aporta evidencia y refuerza la importancia de proteger ecosistemas de la Amazonía peruana.
El jaguar no desapareció en Madre de Dios. En los últimos años, el monitoreo con cámaras trampa identificó de modo individual a 75 jaguares en dicha región de la Amazonía peruana. La cifra no solo confirma la presencia del mayor felino del continente, sino que evidencia que el bosque tiene aún la capacidad de sostenerlos.
Detectar un jaguar en la selva amazónica es muy difícil. El animal es esquivo, nocturno y habita territorios vastos. Sin embargo, deja huellas y hoy la tecnología permite encontrarlos. Las cámaras trampa, instaladas de modo estratégico en el bosque, registran el paso de la fauna de forma automática, sin intervenir ni alterar su comportamiento.
La clave para distinguir a cada jaguar está en su piel: los patrones de manchas conocidos como «rosetas» son únicos e irrepetibles, y funcionan como una huella digital que permite identificar a cada jaguar uno por uno.
De 70,000 a más de 100,000 hectáreas monitoreadas
En 2023, el monitoreo se realizó en 68 estaciones dobles de cámaras trampa instaladas en cinco concesiones forestales maderables y una concesión de conservación, abarcando cerca de 70,000 hectáreas de bosque amazónico.
En 2024, el esfuerzo se amplió con 86 estaciones adicionales en una concesión maderable, en concesiones castañeras de organizaciones como la Asociación de Recolectores Orgánicos de la Nuez Amazónica del Perú (RONAP) y CANDELA, y en dos comunidades nativas: Puerto Arturo y Boca Pariamanu, sumando más de 100,000 hectáreas nuevas bajo observación.
El resultado acumulado: 75 jaguares identificados en Madre de Dios, una región que se consolida como uno de los territorios más importantes para la conservación de esta especie en el Perú.
El jaguar como especie «paraguas»
La importancia de este hallazgo va más allá del conteo. «El jaguar es considerado una especie ‘paraguas’: al protegerlo, se protege también todo lo que depende de él. Conservar al jaguar es conservar mucho más que una especie. Es proteger el territorio que necesita para sobrevivir. Y con él, se resguardan otras especies y los procesos que sostienen la vida en la Amazonía: el agua, el clima, la regeneración natural y la estructura del bosque», explicó Frank Flores, oficial de Mecanismos de Conservación del Paisaje Amazonía Sur de WWF Perú.
El monitoreo con cámaras trampa, además de generar registros visuales, produce conocimiento científico esencial para comprender la dinámica de las poblaciones de jaguar, evaluar la efectividad de los esfuerzos de conservación y orientar mejores decisiones para proteger los bosques amazónicos que las sostienen.
Un hallazgo con peso global
Los datos obtenidos en Madre de Dios adquieren una dimensión adicional en el actual contexto internacional. La reciente COP20 de CITES aprobó la primera resolución específica para la conservación del jaguar y adoptó un Plan de Acción Regional que refuerza la cooperación entre los países del área de distribución de la especie. En ese esfuerzo continental, la evidencia científica generada en la Amazonía peruana aporta información clave para orientar las decisiones de conservación a escala regional.
Hoy se sabe que en Madre de Dios hay 75 jaguares. Y que el bosque, por ahora, aún tiene la capacidad de sostenerlos.