Por: Flavia Zuleta, Gerente de Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana
Mientras el sol comienza a iluminar los campos del Perú, miles de mujeres rurales ya están tomando decisiones que impactan la alimentación de millones de personas. Están en la chacra, en las asociaciones productivas, en los mercados y también liderando procesos de innovación que están redefiniendo el futuro de la agricultura peruana.
Cada 15 de octubre conmemoramos el Día Internacional de las Mujeres Rurales, una fecha que este año adquiere una relevancia aún mayor, ya que FAO ha declarado el 2026 como el “Año Internacional de la Agricultora”. Esta iniciativa busca visibilizar el papel esencial que desempeñan las mujeres en los sistemas agroalimentarios, desde la producción hasta el comercio, así como promover acciones concretas para reducir las brechas de género y fortalecer sus oportunidades de desarrollo.
Durante décadas, la figura de la agricultora estuvo asociada principalmente al trabajo manual y al apoyo familiar. Hoy, esa realidad está cambiando. Cada vez más mujeres lideran fincas, gestionan asociaciones, impulsan emprendimientos rurales, administran negocios agrícolas e incorporan tecnología para mejorar la productividad y sostenibilidad de sus cultivos. Son protagonistas de una nueva agricultura: más resiliente, innovadora y preparada para responder a los desafíos del futuro.
Las cifras confirman esta transformación. Según la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA), las mujeres conducen hoy el 31,2% de las unidades agropecuarias en el país. A ello se suma que el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI) registra a más de 900 mil mujeres productoras agrarias en el Perú. Ellas son una fuerza fundamental para la agricultura familiar, el desarrollo rural y la seguridad alimentaria de millones de peruanos.
Sin embargo, el verdadero cambio no está únicamente en los números, sino en la capacidad de liderazgo que las mujeres rurales están demostrando día tras día. Frente a desafíos crecientes como la variabilidad climática, la escasez de recursos y las exigencias de mercados cada vez más competitivos, están apostando por nuevas tecnologías, mejores prácticas productivas y modelos agrícolas más sostenibles.
La innovación agrícola requiere diversidad de perspectivas. Cuando más mujeres participan en la toma de decisiones, la investigación, la gestión y la adopción tecnológica, se amplían las posibilidades de encontrar soluciones más eficientes para los desafíos que enfrenta el sector. Promover el talento femenino en el campo y en la ciencia no solo fortalece la inclusión, sino que impulsa la competitividad, la productividad y la sostenibilidad de toda la cadena agroalimentaria.
A pesar de los avances, aún existen barreras que limitan el desarrollo de este enorme potencial. El acceso a tecnología, financiamiento formal, capacitación y asistencia técnica continúa siendo una tarea pendiente. Según la ENA, la cobertura sigue siendo reducida: solo un 7.4% del total de productores agropecuarios recibe capacitación y apenas un 3.7% cuenta con asistencia técnica profesional. Estas cifras reflejan la necesidad de generar mayores oportunidades para acelerar la transformación del agro peruano.
En el marco del Año Internacional de la Agricultora, este Día Internacional de las Mujeres Rurales nos invita a pasar del reconocimiento a la acción. El desafío es construir una agricultura sostenible donde la innovación tecnológica, la inclusión y el desarrollo social avancen de la mano. Apostar por las mujeres rurales significa invertir en productividad, resiliencia, seguridad alimentaria y bienestar para las futuras generaciones.
Porque cuando una mujer rural tiene acceso a conocimientos, herramientas y oportunidades, no solo transforma su parcela. Transforma su comunidad, fortalece la agricultura peruana y ayuda a alimentar el futuro del país.
Por amor a la agricultura, el trabajo más valioso de la Tierra.