Impaciencia

Por Ántero Flores-Aráoz

Estamos a dos meses y medio del ejercicio presidencial de la señora Keiko Fujimori, que si bien, como ha dicho, no ha tenido luna de miel política, también es verdad que se la ha pasado haciendo ofrecimientos para enfrentar a la delincuencia y al mismo tiempo solicitar al Congreso de la República que le delegue facultades legislativas en sesenta y seis materias, en cada una con varios ítems.

En esa pretendida delegación, casi todos los días dando declaraciones y tratando de justificar la necesidad de aquella. Como hemos dicho en anterior columna en este medio, sería mejor que en lugar de insistencia que ya parece majadería, comenzar a hacer lo debido sin esperar la delegación.

No dudamos de que la delegación de facultades apresura la emisión de la normatividad legal requerida. Pero si la delegación demora o no se da, nada impide que para temas económicos y financieros se usen los decretos de urgencia, para reglamentar leyes se tienen los decretos supremos, para contratar obras y servicios para enfrentar al Fenómeno del Niño. La Ley de contrataciones del Estado permite la contratación directa por situación de emergencia y, para que las Fuerzas Armadas participen en el control del orden interno, basta declarar estado constitucional de emergencia, entregándole a ellas dicho control.

Todo lo señalado se puede ir haciendo, pues ya se nota cierta impaciencia en la población, que escucha los pedidos reiterativos de delegación de facultades, pero no ve actuación, promesas si, pero nada concreto que se pueda ver.

No olvidemos que la impaciencia es mal consejera y ya se nota personas que se van sulfurando ante la falta de acción, sobre todo teniéndose en cuenta que la señora Fujimori ha sido cuatro veces candidata a la presidencia de la República, ha preparado sus planes de gobierno y se supone ha estudiado los de otras agrupaciones políticas, fue primera dama de su padre en el gobierno de aquel, ha sufrido tres veces injusta carcelería, y ha tenido tiempo suficiente para meditar y prepararse.

También es verdad que, ante el pedido de delegación de facultades legislativas, las dos cámaras parlamentarias, o sea la de Diputados y el Senado, andan diciendo que no son mesas de partes y que lo que acuerden debe ser respetado. Sin embargo, el modelo bicameral elegido para salir del unicameral que hemos tenido desde fines de 1992 hasta el 27 de julio último, no ha sido el mejor ni tampoco el mayormente usado, sino que ha sido un modelo sui generis y defectuoso que en algún momento habrá que modificar para que no se convierta en motivo de permanente conflicto.

Bajemos todos los decibeles para podernos entender y evitemos también caer en el juego de cierta prensa irresponsable, que para mostrar titulares desearían que, entre parlamentarios y ministros, se agarren a golpes. No señores, así no se hace patria y el recinto parlamentario no es ningún coliseo para pugilatos, es el palacio de las leyes, donde ellas se debaten y aprueban, para mejorar la relación entre compatriotas y tener el clima social adecuado que genere mayores puestos de trabajo en aras de alcanzar bienestar. ¡No lo olvidemos!

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