La Operación Serengeti 2025 dejó más de 1.200 detenidos y USD 97 millones recuperados. Angola, Costa de Marfil y Zambia lideraron golpes que exponen el alcance internacional del delito digital.
El crimen digital ya no tiene fronteras, pero la respuesta internacional comienza a demostrar que tampoco las tiene la justicia. La Operación Serengeti 2025, coordinada por INTERPOL y AFRIPOL en 18 países, marcó un antes y un después en la lucha contra las mafias cibernéticas: más de 1.200 sospechosos detenidos y USD 97 millones recuperados, según el World Economic Forum.
En Angola, las autoridades desmantelaron 25 centros ilegales de minería de criptomonedas dirigidos por 60 ciudadanos chinos. El operativo permitió incautar 45 estaciones eléctricas, valuadas en más de USD 37 millones, que serán devueltas al sistema energético nacional.
En Costa de Marfil, se capturó a responsables de delitos originados en Alemania, confirmando el carácter transfronterizo del cibercrimen. Y en Zambia, una estafa de inversión en criptomonedas que dejó al menos 65.000 víctimas y pérdidas por USD 300 millones fue desarticulada.
La fuerza de la cooperación
El éxito de Serengeti radicó en la unión entre organismos policiales, empresas tecnológicas y organismos internacionales. INTERPOL centralizó el intercambio de información, evaluó amenazas y facilitó la colaboración. Programas como Cybercrime Atlas y Partnership Against Cybercrime, respaldados por el Foro Económico Mundial, sentaron modelos replicables y sostenibles de cooperación.
“Cada operación fortalece la confianza y la capacidad de los países miembros”, aseguró Valdecy Urquiza, secretario general de INTERPOL. Desde el sector privado, Fortinet y Microsoft destacaron que estas alianzas permiten exigir responsabilidades reales a los criminales y consolidar estructuras de defensa digital.
Un desafío en expansión
El cibercrimen no se detiene. Las redes aprovechan la digitalización global y la fragmentación de leyes nacionales para operar fuera del alcance de los Estados. Pero la Operación Serengeti demostró que la cooperación internacional sostenida, con entrenamiento conjunto y marcos de acción claros, es capaz de revertir esa ventaja.
El mensaje es contundente: la unión público-privada eleva el costo del delito y construye una muralla global frente a quienes intentan lucrar con la vulnerabilidad digital de millones.