Por Antero Flores-Araoz
Por lo general los latinos somos muy inclinados a hacer falsas generalizaciones y, quienes reciben expresiones en tal sentido, son permisivos con ellas.
Recientemente me pasaron a través de las redes sociales, el texto de un afiche para que se coloque en la fachada de las viviendas y establecimientos empresariales, que contenía el siguiente texto: LOS CANDIDATOS OFRECEN TERMINAR CON LA POBREZA, PERO NO DICEN QUE ES DE SU POBREZA.
Me pidieron que hiciese circular el texto aludido, pedido a lo que me negué y ante la insistencia expliqué que ello no es verdad, pues al igual que existen políticos indignos, licenciosos, incumplidos de sus deberes y hasta corruptos, también existen muchos que son dignos, de buen comportamiento, cumplidores de sus obligaciones, íntegros e insobornables,
Observamos frecuentemente que cuando se trata de contratar alguna obra pública, se arreglan las bases para que se adjudique a determinado postor la obra en cuestión. Cuando se trata de adquirir bienes o servicios se divide el total en partes, ello para no superar los máximos de la contratación directa. Cuando se trata de hacer uniformes, se altera la descripción de su calidad, haciendo mostrar una calidad superior que no se tiene y convertirse en el proveedor estatal.
En el Congreso se habla de que los parlamentarios “mochan” el sueldo del personal adscrito a su servicio, como si todos incurrieran en ese ilícito penal, cuando en realidad son solo unos cuantos.
Cuando en cualquier entidad estatal su máxima autoridad contrata personal, se señala que los contratados tienen nexos familiares con la jefatura del ente burocrático a quien se le acusa de nepotismo, como si fuese práctica generalizada y no excepción.
Ésas falsas generalizaciones causan mucho daño e incitan a que personas valiosas y correctas no quieran entrar al servicio del Estado y menos cuando tales servicios sean de origen electoral, pues nadie en su sano juicio quiere estar señalado por actuar indebidamente.
Insistimos, somos conscientes que hay usos y costumbres deleznables en la administración pública, pero ello no es general y, por hacer generalizaciones se está afectando el prestigio, buen nombre y dignidad de personas con impecable proceder. Pero lo que es peor con ésas generalizaciones, muchas personas decentes no quieren entrar a altos cargos públicos, sean electivos o de designación, con lo cual el Estado pierde y también toda la población. A lo expuesto hay que agregar otros elementos que son disuasivos para que las personas serias y correctas quieran postular a altos cargos en el Estado. Como lo hemos señalado en varias oportunidades, ellos son los impedimentos de la Ley de Contrataciones del Estado, la Ley de Inteligencia Financiera, la Declaración de Intereses y la también llamada Ley de Idoneidad. Esperemos que el Parlamento las modifique y también rectifiquen su actitud quienes hacen falsas generalizaciones.