Envidiados y odiados

Por Antero Flores-Araoz

Con el título de esta nota, es más que evidente que nos estamos refiriendo a los trabajadores del Congreso, que como se dice “de rey a paje”, han recibido una bonificación de cinco unidades impositivas tributarias vigentes en diciembre pasado, esto significa nada menos que S/. 26,750, pero al señalarlos mañosamente en número de UITs, evidentemente dan la sensación de cifra bastante menor. Solo con ése dato, nos podemos explicar la motivación por la cual hay ex parlamentarios que gestionan ingresar a la planilla de asesores, funcionarios y demás trabajadores del Congreso y de los despachos legislativos.

Los parlamentarios que están en la Mesa Directiva del Congreso de la República, se lavan las manos de ése hecho, bajo el pretexto que la bonificación cuantiosa se entrega en cumplimientos de acuerdos llegados por el mismo Congreso con sus sindicatos mediante la negociación colectiva. Empero, olvidan que el proceso de negociación colectiva es precisamente la “negociación” y no la simple aceptación de lo que pide el o los sindicatos como parte laboral.

Es muy fácil ser generoso o muy generoso con el dinero, billetera o chequera ajena, pero hay que cumplir con la defensa de los intereses del propio Congreso, que forma parte del Estado y que tiene que cautelar los dineros públicos y no excederse de las partidas aprobadas en la Ley Anual del Presupuesto de la República.

Si bien el Congreso no se encuentra sometido a las regulaciones de SERVIR, lo debería estar a fin de que exista una real homologación entre los servidores públicos de la República, según sus rangos laborales.

Algunos tratan de endilgar al presidente del Poder Legislativo la responsabilidad en tan cuantiosa bonificación, basados en que por norma expresa, el presidente del Congreso es el titular de su pliego presupuestal, pero ése altísimo funcionario del país, no puede estar en todo pues el tiempo no es elástico y debe privilegiar las tareas parlamentarias, pues para la administración cotidiana tiene una larguísima lista de funcionarios.

Ante las críticas ciudadanas, se ha tratado de barajarla diciendo que muchas veces las sesiones del pleno o de comisiones parlamentarias se retrasan y llegan hasta la noche por la importancia de los debates.  Lo cierto es que como excepción y no como regla se trabaja en la noche, pero incluso ello está largamente compensado con la menor carga laboral cuando se está en los recesos parlamentarios y en las semanas de representación.

Lo real de todo esto es que el Congreso es una isla remunerativa, quizás solo superada por los trabajadores de Petroperú, cuyas robustas retribuciones seguramente también han influido respecto a su desastrosa situación económica, que se suma a descabelladas decisiones de su alta jerarquía.

Hace veinte años dejamos el Congreso con aproximadamente mil trabajadores, mientras ahora sin justificación hay como cuatro mil y con aumentos retributivos exorbitantes, pese a que el número de parlamentarios ha crecido en menos del diez por ciento, pues si bien antes había 120 hoy son 130 por mandato de un cambio parcial constitucional.

El asunto genera mucha indignación cuando los trabajadores del Estado por lo general reciben en diciembre de cada año un aguinaldo de trescientos soles, mientras que las gollerías de los trabajadores del Legislativo son cuantiosas y se los ve como los bendecidos por la fortuna, como bien podrían nominar al Presupuesto de la República que se solventa con los impuestos que pagamos los contribuyentes.

Para concluir, por allí escuché decir que a las oficinas administrativas del Congreso habría que mudarlas al Campo de Marte, donde también domicilia la Concha Acústica. ¡Veremos!

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