Según Ana Maria Campos, Country Leader en Perú para LatAm Intersect, la fragmentación del voto con 35 candidatos presidenciales obliga a migrar a una conexión emocional rápida. Las redes sociales ya no son un complemento: el 39% de los electores afirma que estas plataformas influyen directamente en su decisión final.
A medida que se acerca la jornada electoral del próximo 12 de abril, el panorama político en el Perú presenta un desafío sin precedentes para la comunicación estratégica. Con una oferta electoral histórica de 35 planchas presidenciales, la atención del votante es el activo más escaso y valioso.
Ana Maria Campos, ejecutiva de LatAm Intersect, agencia regional líder en comunicación estratégica, señala que nos encontramos ante una «campaña de micro-momentos», donde la saturación de mensajes genera un muro de escepticismo difícil de romper para los candidatos tradicionales.
El factor de indecisos
Las cifras recientes revelan un escenario de alta incertidumbre. Según los últimos estudios de opinión de Ipsos, el voto en blanco, viciado o ninguno llega a 11%, mientras el 16% de los encuestados no precisa su preferencia
«Estamos viendo una desconexión profunda entre la oferta política y la demanda ciudadana. Con punteros que apenas alcanzan el 11% o 13% de intención de voto, la comunicación ya no se trata de quién tiene el mejor plan técnico, sino de quién logra capitalizar el sentimiento de ‘mal menor’ en la última semana», afirma Ana Maria.
Para la experta de LatAm Intersect, la influencia de los canales digitales configura el tablero de candidatos. Un 39.1% de los encuestados admite que su voto está ‘muy influenciado’ por lo que consume en redes sociales, una cifra que obliga a los aspirantes a la presidencia a ser creadores de contenido antes que oradores de plaza.
Claves de comunicación para el tramo final
Campos identifica cuatro pilares de comunicación que definirán los resultados este 12 de abril:
- Humanización: ante el rechazo a la política tradicional, los mensajes que muestran vulnerabilidad o cotidianeidad tienen mayor recepción de los votantes.
- Combate a la desinformación: en una elección tan atomizada, las fake news pueden mover ese 2% o 3% necesario para pasar a una segunda vuelta.
- Giro de último minuto: hay que pensar en el «decididor tardío». La comunicación de cierre debe enfocarse en la utilidad del voto para evitar la dispersión.
- Narrativa de urgencia y gobernabilidad: ante la crisis de confianza, los candidatos que logren comunicar capacidad de gestión inmediata y estabilidad por encima de la ideología lograrán capturar al votante pragmático.
En este contexto, la recta final de la campaña no se definirá por volumen de propuestas, sino por la capacidad de generar conexión, claridad y confianza en tiempo real. La elección se convierte así en un terreno donde la comunicación estratégica deja de ser un soporte y pasa a ser el principal motor de decisión, especialmente entre los indecisos. Aquellos candidatos que logren sintetizar su mensaje, demostrar cercanía y activar una narrativa creíble de gobernabilidad en estos últimos días serán quienes consigan traducir la incertidumbre del electorado en una ventaja competitiva concreta en las urnas.