Proyecciones internacionales alertan sobre la posible formación de un fenómeno El Niño de gran intensidad, con efectos globales en clima, economía y seguridad alimentaria.
El fenómeno de El Niño vuelve a encender las alertas a nivel global. Diversas agencias meteorológicas internacionales advierten que 2026 podría estar marcado por un evento de gran intensidad, incluso con características de un “súper El Niño”, capaz de generar impactos climáticos sin precedentes.
De acuerdo con proyecciones de organismos como la National Oceanic and Atmospheric Administration, existe alrededor de un 62% de probabilidad de que El Niño se desarrolle entre junio y agosto de 2026 y se mantenga hasta finales de año . Este escenario marcaría la transición desde la actual fase de La Niña hacia un nuevo ciclo climático global.
Los modelos climáticos también sugieren que el evento podría alcanzar una intensidad considerable. Algunas estimaciones indican que existe la posibilidad de un episodio fuerte hacia el último trimestre del año, lo que incrementaría los riesgos de fenómenos extremos como lluvias intensas, sequías prolongadas y olas de calor .
A nivel internacional, recientes análisis advierten que un “súper El Niño” podría convertirse en uno de los más intensos en más de un siglo, con efectos que incluirían inundaciones en algunas regiones, sequías severas en otras y alteraciones en los patrones de ciclones y huracanes . Además, el calentamiento adicional del océano podría empujar las temperaturas globales a niveles récord en los próximos años .
En el caso de Sudamérica, incluyendo Perú, el impacto podría ser significativo. Históricamente, estos eventos han generado lluvias intensas, desbordes de ríos y afectaciones en sectores clave como la agricultura, pesca e infraestructura, lo que obliga a las autoridades a reforzar medidas de prevención y respuesta.
Expertos coinciden en que, aunque aún existe incertidumbre sobre la magnitud exacta del fenómeno, las señales actuales del océano Pacífico muestran un calentamiento progresivo que suele preceder a eventos de El Niño, por lo que el monitoreo constante será clave en los próximos meses.
En este contexto, gobiernos, empresas y comunidades enfrentan el reto de prepararse ante un posible escenario climático extremo, donde la anticipación y la gestión de riesgos serán determinantes para mitigar los impactos.