Diplomacia Presidencial

Por Antero Flores-Araoz

Desde que la actual Presidenta de la República, señora Keiko Fujimori, concurriera a la Asamblea de las Naciones Unidas, hay críticas por sus viajes al exterior, como si ellos fuesen muy frecuentes y encima se consideran por puro gusto, un poquito más y son también por puro deseo turístico. Agregan los criticones que para eso está el Ministro de Relaciones Exteriores y la Cancillería.

Si bien nuestra Cancillería, domiciliada en el Palacio de Torre Tagle, es junto con la de Itamaraty, de las más reputadas del Continente, no es menos cierto que no sustituye a la Presidencia de la República, sino la apoya en varias de sus atribuciones presidenciales.

Con arreglo al artículo 118 de la Constitución, compete al Presidente de la República hacer cumplir los tratados internacionales, representar al Estado dentro y fuera del país, velar por la seguridad exterior de la República, dirigir la política exterior y las relaciones internacionales y celebrar y ratificar tratados, nombrar embajadores y ministros plenipotenciarios, recibir a los agentes diplomáticos extranjeros y autorizar a los cónsules el ejercicio de sus funciones, entre varias otras atribuciones.

El Ministro de Relaciones Exteriores o Canciller de la República, de acuerdo a la Ley Orgánica de su Ministerio, asiste y colabora con el Presidente de la República en materia internacional, pero no lo sustituye.

En los viajes internacionales del Presidente de la República, hace lo que se dice la diplomacia presidencial que es sumamente útil como se ha podido comprobar en la participación de la señora presidenta en la última Asamblea General de la ONU.

Había mucho interés en los países que conforman las Naciones Unidas, por conocer las intenciones internacionales de la señora Fujimori, sobre todo luego de haber tenido una década de absoluta informalidad, con el promedio de casi un presidente por año, que nos puso en ridículo frente al mundo entero. La presidenta ha podido convencer que hemos regresado a la formalidad, y tanto en las reuniones oficiales como en las que no lo son, ha podido comprometer ayudas para enfrentar el Fenómeno del Niño y diversidad de otras acciones dentro del llamado “Cambio Climático”, pero sin olvidar la criminalidad internacionalmente organizada con todos sus peligros, que requiere de una respuesta también internacional.

Por todo lo señalado es importantísimo que los señores parlamentarios al tramitar los permisos de salida del territorio patrio a la señora presidenta, tengan en cuenta que no viaja para veranear ni vacacionar, sino para ejercer en el exterior acciones propias de su cargo presidencial.

La diplomacia presidencial es muy apreciada y es la que más puede conseguir beneficios para el país, sin olvidar la diplomacia parlamentaria que también se ejerce dentro de las ligas parlamentarias con diferentes países y en reuniones de los presidentes de Congreso con sus similares de otros Estados, de lo que puede dar fe quien escribe está nota, pues reunido con su par chileno Sergio Romero, presidente del Congreso de su país, en Colombia suscribimos declaración conjunta hace algo más de veinte años, que fue el reinicio de una óptima relación bilateral.

Las relaciones internacionales no solo mejoran con las conversaciones formales, sino también de las otras, que, al generar confianza recíproca, fortalecen lazos que quizás iban en camino a la desaparición.

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