De promesa del fútbol peruano a presunto cómplice de homicidio: la caída de Anthony Quijano

El exjugador de Alianza Atlético y seleccionado juvenil fue detenido en el Callao, acusado de colaborar con los “Chukys de Tiwinza”, una de las bandas más violentas del primer puerto.

Anthony Quijano Quina, con apenas 26 años, tenía lo que muchos sueñan: una carrera en el fútbol profesional, experiencia en la selección juvenil y un pase valorizado en más de 300 mil dólares. Pero su nombre volvió a sonar no por goles ni convocatorias, sino por un homicidio a sangre fría en el Callao, y su presunta colaboración con la banda criminal Los Chukys de Tiwinza.

El domingo 16 de junio, la Policía Nacional detuvo a Quijano junto a otros cuatro sujetos, incluyendo al presunto sicario “Pistolita”, por el asesinato de Abraham Néstor Izaguirre. Las cámaras de seguridad revelaron que, tras el crimen, los autores materiales se refugiaron en la casa del exfutbolista. En el inmueble se hallaron armas, drogas y una Glock modificada para disparar en ráfaga. Uno de los proyectiles impactó el chaleco de un suboficial durante la intervención.

El crimen ocurrió la noche del 15 de junio. Izaguirre, vecino del sector Carrión, fue emboscado por Valdez y acribillado con más de diez disparos, en plena vía pública. La víctima habría sido blanco de una disputa territorial por el control del cobro de cupos. La escena fue captada por cámaras municipales y sirvió como prueba para intervenir dos viviendas clave. Una de ellas: la de Quijano.

El exjugador negó vínculos con la banda y alegó que la reunión en su casa era “familiar”. Sin embargo, la Fiscalía lo investiga por colaboración con organización criminal, homicidio calificado y tenencia ilegal de armas. No es su primera mancha: ya tenía antecedentes por violencia familiar y hurto agravado.

Quijano fue campeón de la Liga 2 con Alianza Atlético en 2020, pasó por clubes como Melgar, Cantolao, Binacional y Municipal, y tuvo proyección en las selecciones menores. Hoy, está fuera del fútbol profesional y, según su propia versión, juega torneos de Copa Perú en Ica.

La historia de Anthony Quijano es el reflejo brutal de cómo una carrera puede pasar de la gloria al abismo. De portar el escudo del Perú a brindar refugio a sicarios con armas automáticas. Mientras las canchas lo olvidaban, el crimen lo reclutaba.

Compartir:

Relacionado

¡Cuidado! tus datos pueden terminar en el mercado negro

El Noticiero

La Capilla Sixtina de América

El Noticiero

Gamarra gana pulseada: podrán seguir usando símbolos patrios en prendas

El Noticiero