Cuídemos a la familia

Por Antero Flores-Araoz

En el mundo complejo en que vivimos se han ido perdiendo valores que es necesario recuperar, como es el caso de la familia, en que se han instaurado uniones hechizas que creen sustituir a la familia.

La familia no son simples personas bajo un domicilio común. La familia por un lado es contrato, pues se forma a través de un acuerdo común de constituirla, un acuerdo de voluntades, pero al mismo tiempo y más importante aún es una institución. Nació con el componente religioso y sin perderlo fue mutando al componente civil, social e institucional, aunque en últimos tiempos también económicos.

Nuestra Constitución se determina que la comunidad y el Estado, protegen a la familia y promueven el matrimonio. La familia y el matrimonio son institutos y la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” en su artículo 16.3 dispone que la familia es el elemento natural y fundamental de la Sociedad y tiene derecho a la protección de la Sociedad y del Estado.

Ahora también se requiere de la Sociedad y del Estado para enfrentar teorías denominadas “Woke”, entre otras, que tratan de remedar a la verdadera familia, pero que ni siquiera se les acercan, pero si crean dudas que deben ser enfrentadas con la verdad, pues devalúan a la familia tradicional que es monogámica.

No solo hemos importado matices erróneos de la familia, sino que incluso en el propio Ande, ha sido materia de orgullo tener una familia inicial y tradicional, pero varias que se les han ido agregando con el pasar del, tiempo, y a las que hipócritamente se les llamaba “tener una catedral y varias parroquias”, lo que es reñido con la moral y buenas costumbres.

Parecería ser que hablar de las familias en que se resaltan los valores tradicionales, es algo inconveniente y erróneo, cuando no lo es. Tenemos y debemos seguir apoyando a la verdadera familia y ello tiene que hacerse desde ella misma, reforzándose en la escuela y hasta en los estudios superiores, pero también en difusión de prensa y no solo de vez en cuando a través del púlpito. Dice antiguo aforismo que lo que no se exhibe o pone en la vidriera no se vende, por ello hay que insistir en la naturaleza familiar con sus valores.

Nos han querido también imponer el llamado idioma inclusivo, que es una gran tontería, incluso tratando el Estado de sustituir por ejemplo a la Academia de la Lengua. Decíamos en una conferencia que no habrá médico alguno que se moleste porque al especialista en obstetricia se le llame obstetra en lugar de obstetro. Nada raro tiene que al carpintero, cualquiera sea su sexo se le llame así, pues no hay carpintera.  El oculista puede también ser la oculista, pues no hay oculistas frente a oculistos, pero estos últimos se la desquitaron al hablar de oftalmólogos sin existir oftalmólogas.

Buen tiempo que no se hacen marchas ni concentración es a favor de la familia, en que incluso tuvieron carácter ecuménico, con participación de feligreses de varias confesiones religiosas. Ésas acciones deberían reiniciarse en respaldo y difusión de los valores familiares. Recordemos: mujer y hombre u hombre y mujer, tienen vocación de hacer familia, pero insistimos, verdaderas familias y no hechizas.

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