Cuando La Punta era la joya peruana y los médicos recetaban sol: así se vivía la temporada de playa en Lima hace un siglo

Hace 100 años, localidades como La Punta, Miraflores, Barranco y Chorrillos eran íconos de veraneo en el Perú, y las prácticas médicas de la época incluso incluían recetar baños de sol como terapia para la salud. Un recorrido por las costumbres y la vida social de aquel verano limeño de 1926.

Hace un siglo, la temporada de verano en Lima representaba una experiencia social y médica muy distinta a la actual. Zonas como La Punta, en el Callao, se consolidaron como destinos emblemáticos de descanso y sofisticación, donde familias acomodadas, médicos y visitantes buscaban alivio al calor y bienestar general a orillas del mar.

La Punta: joya del veraneo peruano

En la década de 1920, La Punta era considerada la joya de las playas limeñas. Su ambiente —caracterizado por casonas de veraneo, paseos marítimos y una comunidad balnearia activa— la convirtió en un punto de encuentro para la clase alta limeña y visitantes extranjeros. La playa no solo era un lugar para refrescarse, sino también un símbolo de estatus social y cosmopolitismo.

La vida veraniega implicaba paseos por la rambla, tertulias sociales y actividades al aire libre que eran narradas en las crónicas de la época, destacando la convivencia en clubes, restaurantes frente al mar y reuniones familiares que celebraban la llegada de los meses cálidos.

El sol como medicina

Una de las características más singulares de esa época era la prescripción médica del sol y los baños de mar como tratamientos terapéuticos. Médicos recomendaban a pacientes —especialmente aquellos con problemas respiratorios o déficits de vitalidad— tiempos de exposición solar y baños en el mar para fortalecer el organismo y mejorar la salud general. Esta práctica respondía a un enfoque de la salud que valoraba el clima y la naturaleza como factores curativos.

Otras playas y costumbres limeñas

Además de La Punta, otros balnearios limeños definían la temporada estival:

  • Miraflores: Con sus barrancos costeros y casonas frente al océano, era un punto de encuentro para las clases medias y altas, que disfrutaban de paseos en carro, picnics y la vida social del malecón.

  • Barranco: Famoso por sus paisajes bohemios y cafés cerca al mar, combinaba la vida artística con las tardes de verano.

  • Chorrillos: Históricamente popular entre la población limeña, ofrecía baños de mar y espacios recreativos para familias de distinto origen socioeconómico.

  • El Callao: Si bien asociado más a la actividad portuaria, también fue escenario de balnearios y actividades estivales propias de la época veraniega.
    Estas zonas eran descritas por cronistas y periódicos del momento como escenarios animados por música, reuniones y eventos sociales que marcaban la vida urbana durante los meses de calor.

Reflejo de una Lima diferente

Las fotografías y postales de 1926 muestran a veraneantes vestidos con trajes de época, sombreros de ala ancha y vestidos largos, caminando por malecón y arenas. No existían aún las figuras de traje de baño moderno que vemos hoy; las normas sociales y estéticas guiaban un estilo de vida más formal incluso en la playa.

Además, los medios de la época relataban cómo la población esperaba con ansias el cambio de estación, con la llegada del verano trayendo consigo no solo alivio térmico, sino también una carga de actividades sociales, deportes, tertulias y turismo interno.

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