Recibir un ingreso extraordinario puede representar una oportunidad para mejorar la situación financiera del hogar, siempre que se administre con orden y de manera planificada. En noviembre, cuando miles de trabajadores esperan el depósito de su Compensación por Tiempo de Servicios (CTS), la decisión de retirar, ahorrar, pagar deudas o invertir ese dinero cobra especial relevancia.
En el Perú, la Ley N.° 32322 permite a los trabajadores comprendidos en el régimen correspondiente disponer libremente de hasta el 100% de los fondos acumulados en sus cuentas CTS hasta el 31 de diciembre de 2026. Sin embargo, tener acceso a ese capital no significa que sea conveniente destinarlo íntegramente al consumo o comprometerlo en una inversión de largo plazo.
Ricardo Maldonado Camino, gerente de Finanzas, Administración y Tesorería de Protecta Security, destaca la importancia de evaluar las necesidades económicas del hogar antes de decidir qué hacer con estos recursos: “Cuando una familia recibe un ingreso extraordinario, el primer paso es identificar qué necesita resolver hoy y qué objetivos quiere alcanzar en el futuro. Pagar deudas costosas, contar con un fondo para imprevistos y/o planificar gastos importantes son decisiones que deben evaluarse antes de comprometer el dinero en una inversión”, señala el ejecutivo.
Cuatro claves para administrar mejor un ingreso extraordinario
- Priorizar las necesidades financieras del hogar. Antes de invertir, conviene revisar las deudas pendientes, especialmente aquellas que generan intereses elevados, así como los gastos familiares previstos para los próximos meses. Esto permite determinar qué parte del dinero debe destinarse a obligaciones inmediatas.
- Fortalecer el fondo de emergencia. Contar con un respaldo económico para afrontar imprevistos, como una enfermedad, una reparación urgente o una pérdida de ingresos, ayuda a evitar el endeudamiento. Una referencia habitual es mantener ahorros equivalentes a entre tres y seis meses de gastos esenciales, ajustados a la estabilidad laboral y las responsabilidades de cada familia.
- Definir objetivos y plazos de ahorro. No todo el capital disponible tiene que destinarse al mismo propósito. Separar el dinero según metas concretas —como educación, vivienda, jubilación o generación de ingresos complementarios— permite identificar qué recursos deben conservarse líquidos y cuáles podrían destinarse a alternativas de mayor plazo.
- Evaluar las inversiones según sus condiciones y necesidades. Antes de elegir un producto financiero, es importante comparar la rentabilidad, el nivel de riesgo, la moneda, el plazo, la liquidez y las condiciones contractuales. Una inversión de largo plazo puede ser adecuada para el dinero que no se necesitará próximamente, pero no necesariamente para los ahorros que respaldan los gastos cotidianos o las emergencias.
¿Qué alternativas existen para ahorrar e invertir un capital?
Una vez cubiertas las necesidades inmediatas y el fondo de emergencia, es importante elegir alternativas de ahorro e inversión según los objetivos, el plazo y la tolerancia al riesgo de cada persona.
Entre las principales opciones se encuentran:
- Cuentas de ahorro: permiten disponer del dinero para emergencias o gastos próximos. Conviene comparar las tasas de interés y las condiciones de cada entidad.
- Depósitos a plazo fijo: ofrecen una tasa acordada durante un periodo determinado, a cambio de mantener el dinero depositado según las condiciones contratadas.
- Fondos mutuos: invierten en una cartera de instrumentos financieros y ofrecen distintos niveles de riesgo. Su rentabilidad no está garantizada.
- Bonos: son instrumentos de deuda cuyo rendimiento y riesgo dependen del emisor, el plazo y las condiciones del mercado.
- Rentas particulares: ofrecidas por compañías de seguros de vida, permiten planificar ingresos a largo plazo bajo las condiciones pactadas en el contrato. “Es un producto que viene creciendo año tras año, pues les ofrece a las familias ingresos fijos y periódicos”, destaca Maldonado.
En un contexto en el que los hogares pueden acceder a recursos adicionales, planificar es tan importante como ahorrar o invertir. La clave está en asignar cada sol a un objetivo concreto, proteger la liquidez necesaria para afrontar imprevistos y evaluar alternativas que respondan a las necesidades y al horizonte financiero de cada persona o familia.