Con solo seis disciplinas confirmadas y sin ceremonia de apertura definida, la organización de los Juegos Bolivarianos Ayacucho-Lima 2025 genera preocupación. Expertos advierten que esto podría anticipar problemas mayores de cara a Lima 2027.
A pocos meses del inicio de los Juegos Bolivarianos Ayacucho-Lima 2025, se vive una crisis organizativa. En Ayacucho, la ciudad sede prevista para la inauguración de los juegos, no hay ceremonia oficial programada. Además, solo seis deportes han sido confirmados para la fase inicial, lo que ha levantado críticas y alarma entre deportistas, autoridades y especialistas.
Este escenario contrasta con lo esperado para un evento internacional de alto nivel y ha sido interpretado por algunos analistas como un “llamado de atención” de cara a Lima 2027, competencia para la cual ya se plantean grandes expectativas. La falta de planificación y recursos sería señal de que la experiencia boliviarana podría repetirse si no se toman medidas a tiempo.
El Instituto Peruano del Deporte (IPD) ha explicado que la situación obedece a demoras en obras deportivas y problemas de coordinación entre el gobierno local y las federaciones. Se estima que algunos escenarios deportivos aún no están listos, lo que complica la inclusión de más disciplinas y un programa de apertura a gran escala.
Representantes de las federaciones deportivas han expresado su preocupación por la capacidad de Ayacucho para albergar el evento con todas las garantías. Para muchos, que solo se hayan contemplado seis deportes demuestra una subestimación de lo que requiere un certamen internacional, y podría afectar la reputación del Perú como sede deportiva.
Expertos consultados también advierten que las deficiencias actuales podrían repercutir en Lima 2027. Señalan que si no se corrigen los errores organizativos y se mejora la gobernanza deportiva, la capital enfrentará un reto aún mayor al ejecutar una justa con más disciplinas, mayores exigencias técnicas y alto costo logístico.
A pesar del panorama complejo, el IPD ha señalado que los trabajos continúan y que se espera superar los problemas actuales con esfuerzo compartido entre autoridades locales, nacionales y federaciones. Además, se plantea un plan de contingencia para garantizar al menos una ceremonia de apertura simbólica si las obras no llegan a tiempo.
Para muchos, los retos de Ayacucho en estos Juegos Bolivarianos pueden ser una prueba de fuego: no solo para comprobar la viabilidad del evento, sino para evaluar la capacidad organizativa del país en perspectiva del gran desafío que representará Lima 2027.