Por Antero Flores-Araoz
El día de hoy, estaba anunciado que la Presidente del Consejo de Ministros, señora Miralles, y los integrantes del gabinete ministerial que presidía, se presentarían ante el Congreso de la República para dar cumplimiento al artículo 130 de la Constitución, esto es la obligación -dentro de los treinta días de haber asumido sus funciones- “para exponer y debatir la política general del gobierno y las principales medidas que requiere su gestión, plantea al efecto cuestión de confianza”.
El artículo 133 de la misma Constitución agrega que “… si la confianza le es rehusada… se produce la crisis total del gabinete”, debiendo renunciar todos los ministros y el Presidente de la República nombrar otro gabinete ministerial”.
Bueno pues, aunque deberíamos decir “malo pues”, ya que varias bancadas o grupos parlamentarios habían anunciado que no darán el voto de confianza, sin siquiera haber escuchado al Consejo de Ministros.
Como en alguna otra oportunidad hemos advertido, si el Presidente del Consejo de Ministros y los ministros que lo/la acompañan tienen la obligación constitucional de exponer ante el Parlamento, este último tiene la obligación correlativa de escucharlos por lo menos, antes de anunciar su voto de no confianza, ya que respetos guardan respetos.
Lo que más llamó la atención es el comportamiento de unas pocas bancadas supuestamente reconocidas como serias, que se habían sumado a las voces que anunciaban la “no confianza” sin antes oído al gabinete.
No sería la primera vez que el actual Congreso actúa con hígado y carencia de razonabilidad. Por ejemplo, fue absolutamente insensato vacar a la entonces presidente de la República, Dina Boluarte, a apenas pocos meses de las elecciones generales del presente año. De igual forma, el mismo Congreso, actuando irregular e inconstitucionalmente, en la realidad vacó al reemplazante de la señora Boluarte, es decir a José Jerí Oré, bajo el disfraz o ropaje de “censura” cuando lo que hubiese correspondido es vacancia. Se optó por un camino diferente al constitucional por carecer de los votos suficientes para la vacancia.
Como cereza en torta reemplazó a Jerí por José Balcázar, a sabiendas de su origen y militancia siniestra, pero también conociendo que los rojos no construyen democracia sino la derrumban y, lejos de generar bienestar en la población, consiguen mayor desempleo y pobreza, lo que podría merecerles -si lo hubiese- el premio Nobel de la ineficiencia.
Ahora para complementar tantas desafortunadas decisiones, no se quiso otorgar la confianza al Gabinete Miralles, a tres semanas de las elecciones y algo más de tres meses del cambio de gobierno. El gabinete en cuestión no lo ha hecho mal por lo general, aunque se le tiene que reprochar la “repartija” para obtener la aquiescencia de algunas otras bancadas parlamentarias, así como no haber observado diversas leyes populistas y sin financiamiento, aprobadas por el Congreso.
Como resultado de todo este menjunje la señora Miralles, para no someterse al, mal humor parlamentario ha renunciado.
¡Pena por nuestro país!