Bolivia confirma el retorno de la DEA y marca un giro en su política antidrogas

La nueva administración de Rodrigo Paz Pereira abre la puerta al restablecimiento pleno de vínculos con EE. UU., tras 16 años de distanciamiento.

Un cambio drástico tras años de aislamiento

El Gobierno de Bolivia confirmó que la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) regresará “muy pronto” al país, en un giro significativo respecto a la política antidrogas que se mantuvo desde 2008, cuando la agencia fue expulsada en medio de tensiones diplomáticas.

La decisión se da en un contexto de creciente preocupación por la presencia de organizaciones criminales y el incremento de los decomisos de cocaína registrados en los últimos años. Según cifras oficiales, solo en 2024 se incautaron 66 toneladas de cocaína, más del doble de lo registrado en 2023.

Cooperación internacional como eje central

El Ejecutivo boliviano busca retomar el intercambio de información con otros países y fortalecer la lucha contra el narcotráfico mediante acciones coordinadas. El nuevo enfoque deja atrás la política de aislamiento que rechazaba asistencia internacional bajo el argumento de la “soberanía”.

La administración de Rodrigo Paz viene impulsando un acercamiento con EE. UU., lo que incluye reuniones con funcionarios del Departamento de Estado y la intención de reactivar plenamente las relaciones diplomáticas.

Presión interna por los cultivos ilegales de coca

Uno de los principales retos es la erradicación de sembríos ilegales de coca. Bolivia mantiene 31.000 hectáreas de cultivos, aunque solo 22.000 son reconocidas como legales. El excedente abastece a redes criminales vinculadas a la producción de cocaína, especialmente en zonas como los Yungas y el Chapare.

La hoja de coca continúa siendo un pilar económico y cultural del país, pero el aumento de su desvío hacia actividades ilícitas refleja la dimensión del desafío que enfrenta el Gobierno.

Un país clave en el mapa del narcotráfico regional

En medio de estimaciones que apuntan a una posible producción de hasta 300 toneladas anuales de cocaína, Bolivia se vuelve un punto estratégico para el crimen organizado en Sudamérica. La reactivación de la cooperación con EE. UU. y el retorno de la DEA se presentan como un intento de frenar el avance de estas redes.

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