Pilatos electoral

Por Antero Flores-Araoz

Nuestra Constitución, con claridad meridiana, otorga a los peruanos el derecho a votar en las elecciones públicas y periódicas, sean para Presidente de la República y sus vice presidentes, sean para el Poder Legislativo, constituido por senadores y diputados e,  incluso para nuestros representantes ante el Parlamento Andino. Además en diferentes oportunidades y para períodos también diferentes, en las elecciones regionales y municipales.

Los ciudadanos entre los dieciocho y setenta años, además de tener el derecho a votar tienen también la obligación constitucional y legal de hacerlo.

Ante las innumerables observaciones que ha recibido el actual proceso eleccionario del presente año dos mil veintiséis, el electorado, e incluso los no obligados a votar, expresan su enojo y fastidio por la situación que se vive, unos anunciando que no acudirán a las urnas, otros expresando que votarán en blanco y algunos otros que viciarán el voto.

En los hechos, sea cualesquiera de las opciones que tomen, todas ellas implican incumplir con una obligación que se tiene, como repetimos entre los dieciocho y setenta años, o renunciar a un derecho que podrían ejercer después de los setenta años.

Más aún, la decisión de incumplir o renunciar al derecho al voto también implica trasladarlo a otras personas, que tomarán la decisión sin la intervención del o los abstencionistas, que pudiendo votar no lo harán pero si actuarán como Pilatos, se lavarán olímpicamente las manos, aceptando que otros tomen la responsabilidad que les corresponde.

Somos conscientes que la obligación de votar es hasta los setenta años, pero después -como repetimos- es un derecho que también implica una responsabilidad moral, pues no estamos ante un proceso electoral común y corriente pues nos estamos jugando el destino de nuestro país, que podía estar en la opción de un gobierno desarrollista, con reconocimiento que la inversión genera trabajo y este bienestar, o frente a la opción de un gobierno rojo, de diferentes tonalidades, en que se emplea el populismo, el discurso y las promesas mentirosas, pretendiendo el  cielo en la tierra sin que haya forma alguna de cumplirlas, pero que muchos incautos se la creen.

Con el mismo discurso populista al que nos referimos, se intenta ingresar a la Democracia para luego destrozarla desde adentro, que es lo más cobarde que se puede observar.  Me meto a la casa común  para desde adentro hacerla trizas o “seda y pabilo”, como también se estila decir.

Ya hemos tenido la experiencia de las elecciones del año 2021, en que muchísimas personas prefirieron irse a la playa antes de votar. Como en alguna otra oportunidad se ha comentado y asimismo acreditado, solamente los peruanos mayores de setenta años, residentes en distritos como Miraflores, San Isidro y San Borja o simplemente Surco y La Molina, hubiesen votado en aquellas elecciones, el resultado no hubiera sido tener a un NN como presidente. Por supuesto nos referimos a Pedro Castillo.

Por todo ello la invocación para que no trasladen su derecho a votar a otros y asuman su obligación cívica, patriótica y moral de votar, pero de votar bien en espera de recuperar nuestra visión y acción de desarrollo y crecimiento a fin de generar trabajo digno y adecuadamente remunerado, a la vez que aspirar al bienestar de toda nuestra colectividad y no de unos pocos.

El Perú y nuestro futuro están en nuestras manos, no lo perdamos.

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