Digitalización: supervivencia financiera para la Construcción

Por Cristian Harnisch, Gerente General de Foco en Obra

Según un reciente reporte de Turner & Townsend, Santiago figura entre las ciudades con mayor costo de construcción de la región, alcanzando los US $1.899 por metro cuadrado — solo superada por Buenos Aires, Monterrey y Ciudad de México.

No es casualidad. Hay tres factores que presionan estructuralmente los costos de cualquier proyecto en Chile.

El primero es la permisología: tiempos muertos esperando aprobaciones administrativas que castigan directamente el flujo de caja y alargan plazos sin agregar valor a la obra.

El segundo es el costo laboral. Con un promedio de US $8,6 por hora, Chile lidera los salarios de la región — impulsados por la reducción de jornada y la creciente competencia por retener talento frente a industrias como la minería.

El tercero es la dependencia externa: la volatilidad cambiaria y el alza sostenida de insumos base como el acero, los combustibles, el aluminio y el cemento mantienen los presupuestos bajo una presión que no da tregua.

Frente a este escenario, la pregunta relevante no es cómo eliminar estas variables — porque no se puede. Una constructora no controla el precio del acero en los mercados internacionales, ni puede acelerar un permiso municipal. Lo único que está 100% bajo su control es la eficiencia de su operación interna.

Y ahí es donde la industria tiene una deuda pendiente.

Cuando cada metro cuadrado cuesta casi dos mil dólares o su equivalente de 43 uf /m2, un sobrepago a un subcontrato mal gestionado, un desperdicio de material en bodega o un reproceso por falta de calidad no son «errores menores»: destruyen la utilidad de todo el mes. A veces de varios.

En ese contexto, seguir operando con Excel, planillas desconectadas y control de avance en papel ya no es una opción conservadora — es un riesgo financiero concreto.

La digitalización de la gestión de obras permite tener control de costos y planificación en tiempo real, hacer seguimiento semanal del plazo de ejecución y mantener los protocolos de calidad y seguridad bajo monitoreo permanente. En definitiva, da visibilidad sobre lo que está pasando en terreno antes de que los problemas escalen.

Eso no es innovación de vanguardia. Es lo mínimo que se exige para operar de forma competitiva en el mercado de hoy. La digitalización dejó de ser una apuesta tecnológica. En la construcción chilena de 2026, es supervivencia financiera.

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