Alianza entre el Gobierno Regional y la Operación Mato Grosso pone en valor uno de los íconos espirituales más representativos del norte del país.
En una iniciativa que refuerza el valor del patrimonio espiritual en el Perú, el Gobierno Regional de Áncash, en articulación con la Operación Mato Grosso, ha puesto en marcha el proceso de restauración de la emblemática Cruz de la Paz, ubicada en el Cerro de la Juventud, en la ciudad de Chimbote.
Esta intervención busca no solo recuperar una estructura icónica, sino también fortalecer un espacio que, por décadas, ha sido punto de encuentro para expresiones de fe, reflexión y cohesión social en la región Áncash.
Como parte del inicio de los trabajos, la vicegobernadora regional, Angelly Epifanía Chávez, junto a funcionarios del Gobierno Regional, realizó una visita de supervisión para constatar el avance de las primeras acciones en campo. Durante el recorrido, se destacó el esfuerzo articulado entre el Estado y la sociedad civil organizada.
En ese sentido, resaltó la participación activa de los voluntarios de la Operación Mato Grosso, quienes, inspirados en el legado del padre Hugo de Censi, vienen desplegando una labor sostenida. Las tareas comprenden la habilitación de accesos hacia la cima del cerro, así como trabajos técnicos especializados para la instalación de la base estructural de la nueva cruz, mediante el uso de acero y concreto.
La autoridad regional subrayó el compromiso y la entrega del voluntariado, resaltando que este tipo de acciones consolidan una visión de desarrollo que integra infraestructura, identidad y valores comunitarios.
Como parte de este proceso de recuperación, el próximo 23 de abril se llevará a cabo una jornada simbólica en el Cerro de la Juventud, que incluirá una peregrinación con antorchas, la bendición de la Cruz de la Paz y la ceremonia “Áncash Unido por la Fe”. La actividad, programada desde las 5:00 p.m., estará abierta a toda la ciudadanía.
La restauración de la Cruz de la Paz representa, así, un esfuerzo conjunto que pone en valor la identidad cultural y espiritual de la región, demostrando que la colaboración entre instituciones y ciudadanía puede devolver vida a aquellos símbolos que unen e inspiran a las comunidades.